La victoria de Dara con 'Bangaranga' da a Bulgaria su primer triunfo en Eurovisión en una edición marcada por la ausencia de varios países
Bulgaria rompe los pronósticos y gana Eurovisión entre boicots, tensión política y polémica
La victoria de Dara con 'Bangaranga' da a Bulgaria su primer triunfo en Eurovisión en una edición marcada por la ausencia de varios países
Bulgaria ya forma parte de la historia de Eurovisión. Contra la mayoría de previsiones y lejos de las quinielas favoritas, la cantante Dara conquistó este sábado la 70ª edición del certamen con Bangaranga, una propuesta pop de aire festivo y raíces folclóricas que dio al país balcánico su primera victoria en el Festival de Eurovisión.
La artista búlgara logró imponerse en una edición especialmente convulsa, celebrada en Viena, donde el componente político volvió a situarse en el centro del debate. El jurado profesional ya había colocado a Bulgaria en cabeza con 204 puntos, pero fue el televoto el que terminó consolidando su triunfo hasta alcanzar un total de 516 puntos.
Con 27 años, Dara llevaba tiempo siendo uno de los rostros más reconocibles del pop búlgaro, aunque pocos la situaban entre las favoritas para levantar el micrófono de cristal. Su actuación mezcló electrónica, ritmos balcánicos y una potente puesta en escena inspirada en los kukeri, personajes tradicionales del folclore búlgaro conocidos por sus máscaras y campanas utilizadas para ahuyentar los malos espíritus.
La cantante explicó tras su triunfo que el mensaje de Bangaranga gira en torno a la libertad personal y la superación del miedo. "Es el momento en que decides vivir desde el amor y no desde el miedo", señaló en rueda de prensa, todavía emocionada por una victoria que definió como "un sueño".
Israel vuelve a dominar el televoto
La segunda posición fue para Israel, representado por Noam Bettan y la canción Michelle, una balada interpretada en francés, inglés y hebreo que abordaba el crecimiento emocional y la búsqueda de identidad.
El resultado israelí volvió a abrir el debate sobre el sistema de votación. Aunque el jurado profesional solo otorgó a Israel 123 puntos, situándolo inicialmente en octava posición, el apoyo masivo del televoto disparó su puntuación hasta los 343 puntos, permitiéndole terminar segundo, un patrón similar al ocurrido en la edición anterior.
La organización había reducido este año el número máximo de votos por espectador, pasando de veinte a diez, tras las críticas surgidas en 2025. Entonces, una investigación periodística apuntó a posibles campañas institucionales para movilizar el televoto en favor de la candidatura israelí.
Otra de las grandes sorpresas de la noche fue Rumanía. Alexandra Capitanescu logró el tercer puesto con Choke Me, una canción de rock que terminó convirtiéndose en una de las actuaciones más comentadas de la gala y alcanzó 296 puntos.
En cambio, las grandes favoritas de las apuestas no lograron cumplir las expectativas. Finlandia, que encabezaba muchos pronósticos previos, terminó sexta, mientras que Australia concluyó en cuarta posición pese a partir como una de las candidaturas más fuertes.
Más allá de la música, la edición de Viena estuvo condicionada por la controversia política derivada de la participación de Israel en pleno conflicto de Gaza. España, Países Bajos, Irlanda, Islandia y Eslovenia decidieron no acudir al certamen como señal de protesta por la ofensiva militar israelí sobre la Franja. Los gobiernos y televisiones públicas que apoyaron el boicot defendieron que su ausencia respondía a razones humanitarias y reclamaron a la Unión Europea de Radiodifusión (UER) aplicar criterios similares a los utilizados con Rusia tras la invasión de Ucrania en 2022. La UER, por su parte, insistió durante toda la semana en que Eurovisión debe mantenerse al margen de la política y defendió que la situación de Israel no es comparable a la expulsión rusa.
La tensión también se trasladó al exterior del recinto. Durante los días previos a la final se celebraron varias concentraciones tanto a favor de Palestina como en apoyo de Israel. Las protestas propalestinas, organizadas bajo el lema "Ningún escenario para el genocidio", tuvieron una asistencia menor de la prevista, aunque contribuyeron a mantener el foco mediático sobre el debate político que ha acompañado al festival durante los últimos años.
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