El oro vive uno de sus momentos más dulces en los mercados internacionales y ese brillo se refleja directamente en la actividad de los Monte de Piedad de Madrid. Con el metal en máximos históricos, decenas de personas acuden cada día a su sede en la plaza de las Descalzas con un objetivo doble: obtener liquidez rápida dejando joyas en prenda o adquirir lingotes como fórmula de protección frente a la incertidumbre económica.
La escena se repite. Colas discretas, turnos numerados y pequeños estuches que guardan medallas, pulseras o anillos heredados. Según explica Santiago Gil, director de Montes de Piedad y Monteoro, no se trata de un fenómeno puntual, sino de una tendencia consolidada.
Sin embargo, pese al contexto favorable, las cifras globales apenas se han movido. En 2025 se formalizaron 130.006 préstamos, un 0,31 % menos que el año anterior. El volumen se mantiene estable, aunque el perfil del usuario evoluciona.
Fundado en 1702 como obra social, el Monte de Piedad sigue siendo una alternativa para quienes no acceden con facilidad al crédito bancario. Tras la crisis de 2008, también se convirtió en recurso habitual para autónomos y profesionales liberales.
Hoy se suman nuevos perfiles. Hay artistas que empeñan joyas entre contrato y contrato para afrontar la hipoteca, familias que cubren gastos puntuales como matrículas universitarias o campañas navideñas, y cada vez más jóvenes que buscan financiar ocio inmediato, desde viajes hasta entradas para festivales como el Mad Cool Festival.
Diferencias frente a los 'compro oro'
El modelo del Monte de Piedad dista del de los establecimientos de "compro oro". Mientras estos negocios anuncian cifras llamativas -que suelen referirse al oro de 24 quilates-, la institución madrileña concede un préstamo con la joya como garantía. El cliente paga intereses únicamente por el tiempo transcurrido: 8,25 % anual como tipo general, 5 % para jóvenes y 6,25 % para autónomos.
Si el propietario no recupera la pieza, esta sale a subasta y el posible excedente se devuelve íntegramente al cliente. Según la entidad, no son raros los casos en los que antiguos propietarios reciben un aviso para recoger miles de euros procedentes del sobrante de la venta.
En paralelo al empeño, crece la compra de lingotes. Pequeños ahorradores optan por el oro de inversión ante la baja rentabilidad de los depósitos bancarios y las dificultades para acceder a otros activos como la vivienda. La percepción general es que, pese a cotizar en niveles récord, el metal podría seguir apreciándose.
Esta dualidad dibuja una fotografía clara: mientras unos venden o empeñan para afrontar gastos inmediatos, otros compran para proteger su patrimonio a largo plazo.
La plata no despierta la misma fiebre
El comportamiento no se replica con la plata. Aunque su cotización llegó a subir hasta un 140 % a finales de 2025, en los Montes de Piedad no se ha detectado un aumento significativo de operaciones. Las vajillas, cuberterías o candelabros mantienen un ritmo similar al de ejercicios anteriores.
La explicación es sencilla: cada vez quedan menos hogares con aquellas piezas tradicionales heredadas. El oro, en cambio, sigue siendo el activo estrella, tanto para quien necesita efectivo urgente como para quien busca refugio frente a la incertidumbre económica.









