El proyecto, que se extiende por Valladolid, Burgos, Segovia y Soria, suma ya 240 servicios turísticos y se mantiene entre las rutas del vino más visitadas de España
La Ruta del Vino Ribera del Duero cumple 20 años como referente del enoturismo en Castilla y León
El proyecto, que se extiende por Valladolid, Burgos, Segovia y Soria, suma ya 240 servicios turísticos y se mantiene entre las rutas del vino más visitadas de España
La Ruta del Vino Ribera del Duero cumple dos décadas convertida en uno de los grandes referentes del enoturismo en Castilla y León. El próximo domingo 16 de agosto se cumplen 20 años desde su inscripción oficial en el Registro de Entidades de Castilla y León, un aniversario que sirve para repasar la evolución de un proyecto que ha ido ampliando su oferta y el número de empresas y municipios implicados.
La Ruta nació en 2006 con el propósito de unir y poner en valor un territorio repartido entre cuatro provincias: Valladolid, Burgos, Segovia y Soria. Una zona conectada por la tradición vitivinícola, pero también por el objetivo común de convertir la Ribera del Duero en un destino turístico capaz de atraer visitantes durante todo el año.
Dos décadas después, el proyecto ha conseguido reunir a bodegas, alojamientos, restaurantes, empresas de ocio, artesanos, instituciones y asociaciones en torno a una oferta que va mucho más allá del vino.
El visitante puede encontrar enoturismo, gastronomía, senderismo, patrimonio, naturaleza, talleres artesanales, música, trufiturismo, alojamientos singulares o experiencias de bienestar, entre otras propuestas. La diversificación pretende además reducir la dependencia de determinadas épocas del año y favorecer un turismo menos estacional.
Entre las rutas del vino más visitadas de España
La apuesta por la calidad y la diversificación ha permitido a la Ruta del Vino Ribera del Duero situarse habitualmente entre las tres rutas del vino más visitadas de España. En Castilla y León ocupa el primer puesto entre las nueve existentes.
En 2010 se convirtió, además, en una de las primeras rutas en obtener la certificación oficial de Rutas del Vino de España, junto a destinos como Penedès, Jerez, Rías Baixas o Rioja.
Durante estos 20 años se han desarrollado diferentes iniciativas destinadas a mejorar la experiencia turística y la competitividad del territorio, entre ellas planes de dinamización y sostenibilidad, proyectos vinculados a los fondos europeos de recuperación y programas como Destino Turístico Inteligente o Ribera del Duero Accesible.
La señalización específica de los establecimientos adheridos, implantada desde los primeros años, también se ha ido ampliando y actualizando para facilitar a los visitantes el acceso a los distintos recursos turísticos.
Más de 300 entidades vinculadas al proyecto
El crecimiento de la Ruta se refleja también en su estructura. Actualmente cuenta con 240 servicios turísticos adheridos, además de 102 ayuntamientos y pedanías y ocho asociaciones. En total, el proyecto reúne a más de 300 asociados y adheridos.
El objetivo, no obstante, no se centra únicamente en aumentar esa cifra, sino en mantener unos estándares de calidad que permitan ofrecer experiencias atractivas a los visitantes.
El presidente de la Ruta, Miguel Ángel Gayubo, considera que el proyecto ha superado el reto que suponía coordinar a empresas, administraciones y asociaciones de cuatro provincias. A su juicio, estos 20 años han servido para profesionalizar el enoturismo, generar actividad económica y empleo y convertir a la Ribera del Duero en un destino de referencia.
Gayubo afronta ahora el futuro con optimismo y sitúa la internacionalización como una de las principales oportunidades. La llegada de un número creciente de turistas extranjeros y las posibilidades de promoción en otros mercados abren nuevas vías de crecimiento, aunque la organización apuesta por un modelo basado en la calidad y alejado de la masificación.
Un destino que busca dejar huella
La estrategia de la Ruta pasa también por crear experiencias capaces de permanecer en la memoria de quienes visitan el territorio. La intención es que los turistas no solo conozcan las bodegas y prueben sus vinos, sino que descubran un territorio al que quieran regresar y que recomienden después.
Para facilitar ese objetivo, la Ruta dispone de una plataforma digital con información actualizada sobre actividades y establecimientos, a la que recientemente se han incorporado herramientas como un chatbot y un planificador de rutas.
La entidad también mantiene presencia en redes sociales y participa en ferias de turismo nacionales e internacionales para promocionar el destino y sus experiencias.
A lo largo de estas dos décadas, la Ruta del Vino Ribera del Duero ha pasado así de ser un proyecto de cohesión territorial a convertirse en un destino turístico consolidado. Un recorrido que ha llevado el nombre de una de las principales zonas vitivinícolas de Castilla y León mucho más allá de sus cuatro provincias y que encara ahora sus próximas décadas con la mirada puesta en la internacionalización, la sostenibilidad, la accesibilidad y un enoturismo de calidad.








