25/05/2026
Pedro Sánchez, una insólita caja de sorpresas
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Para quien pensara que todavía queda un espacio reservado a la normalidad democrática, siempre está Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno ha colocado a España en una insólita situación de excepcionalidad con la última chistera de su permanente espectáculo. El tiempo de reflexión sobre su continuidad que despejará este lunes hace de nuestro país un hazmerreir inédito, que exporta una imagen muy poco adecuada a lo que debería ser una gestión seria y una posición firme, acorde con lo que representa un cargo de esas dimensiones.
Pedro Sánchez, dicen, vive sus horas más bajas desde que accedió a la presidencia del Gobierno siempre por el atajo de los pactos y nunca por la vía de la contundente victoria electoral. Pero una cosa es formar Gobierno y otra muy diferente poder gobernar. En su situación, con compañeros de alianzas poco fiables, sin capacidad ni siquiera para poder aprobar los Presupuestos Generales del Estado, en manos de un independentismo creciente como ha quedado constatado en los resultados de las elecciones vascas, con el caso Koldo acechando a su credibilidad, le sale ahora una vena sentimental porque su esposa está en el punto de mira.
Por supuesto, las cuestiones personales son absolutamente respetables y deberían marcar un muro infranqueable que nadie debería traspasar. Pero en este caso confluyen otras variantes que hacen más inexplicable el paréntesis que se ha otorgado Pedro Sánchez. El PSOE no ha tenido reparos en apuntar al novio de Díaz Ayuso por la gestión en la compra de mascarillas y utilizar los resortes de la Fiscalía para filtrar todo tipo de informaciones sobre sus gestiones con Hacienda; en todo este engrudo, incluso apareció la mujer de Feijóo como invitada especial para después dar marcha atrás en esas acusaciones. Pero lo esencial es interpretar que la presidencia de un Gobierno implica asumir ciertas cargas, injustas o no, que van asociadas al peso de una responsabilidad tan importante. Begoña Gómez ha participado en actividades con derivadas económicas que, por su condición de esposa de un presidente, tienen una connotación poco aseada. Esa debería ser la primera reflexión, mucho antes que ofenderse y crear un artificio de situación absolutamente insólita en nuestra democracia.
Si es una táctica para reforzarse, que puede ser, cuidado con esas apuestas que pueden volverse en contra. Si pretende forzar una cuestión de confianza en las Cortes para exhibir el apoyo de sus socios, también puede ser. Podrá salir reforzado el presidente Sánchez, pero la imagen que ha exportado no solo en España, sino en el resto de Europa, es la de un líder caprichoso y con una absoluta intolerancia a la crítica. Con esta decisión, ha marcado una sintonía de declive en su gestión. En política, o se dimite o no se dimite. Eso de inventarse una reflexión no es para alguien que tiene como trabajo presidir el Gobierno de un país.
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