"Julio César no pensaba en ser emperador, pensaba en sobrevivir políticamente"

En exclusiva para Tribuna, Posteguillo describe detalles del fascinante protagonsita de 'Los tres mundos'

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"Julio César no pensaba en ser emperador, pensaba en sobrevivir políticamente"
El escritor SAntiago Posteguillo firma ejemplares de sus libros en el Acueducto romano (Ayto Segovia)
El autor esJosé Antonio Quirce
José Antonio Quirce
Lectura estimada: 3 min.

 

 

 

Antes de salir al encuentro del público segoviano, Santiago Posteguillo charló en exclusiva con Tribuna de Segovia, sobre su nueva novela, 'Los tres mundos', donde relata la conquista de la Galia por el general Julio César.

El escritor valenciano desplegó en conversación directa las capas más analíticas de su proyecto: César como fenómeno político, César como comunicador, César como ser humano que apostó todo a una carta en la Galia sabiendo que podía perderlo.

¿Es Julio César un personaje idealizado? Posteguillo responde que sí, y que precisamente por eso merece ser novelado de nuevo. "Es un gran personaje en el sentido de que transforma su mundo", explica, "pero también es un ser humano."

La conquista de la Galia, eje militar de Los tres mundos, no fue para César una aventura de gloria fácil sino una apuesta de supervivencia política. En su consulado del año 59 antes de Cristo había impulsado una ley de reforma agraria y otras legislaciones populares. Sabía que sus enemigos en el Senado querían anularlas, juzgarlo y, en el peor de los casos, ejecutarlo o enviarlo al exilio.

"Necesitaba hacerse fuerte, no solo políticamente sino también militarmente", señala Posteguillo. La Galia fue el escenario elegido para esa demostración de fuerza, aunque el escritor matiza con precisión histórica un punto frecuentemente malinterpretado: "César nunca pensó en ser emperador. El primer emperador será Augusto, su sobrino-nieto. Lo que César quería era que su obra política no cayera en saco roto."

El retrato que emerge de la conversación es el de un político moderno con dos milenios de antelación. Posteguillo ha destacado que César fue también un comunicador extraordinario: dejó por escrito sus Comentarios a la guerra de las Galias y sus Comentarios a la guerra civil porque entendía que dominar el relato era tan importante como ganar las batallas. "Sabe que habrá otras versiones, otras opiniones, pero quiere que al menos la suya también esté", ha explicado el autor. La historia le dio la razón: muchas versiones se han perdido y la suya ha llegado completa.

El ecosistema político que rodeó a César ofrece, según Posteguillo, paralelismos inquietantes con el presente. Entre sus adversarios, el escritor traza perfiles muy distintos. Cicerón era un oponente político que siempre entendió que con César había que negociar. Pompeyo llegó a pactar con él antes de desvincularse del acuerdo. Pero Catón era otra cosa. "Es el ejemplo perfecto del polarizador", ha afirmado Posteguillo. "No quiere negociación, solo quiere enfrentamiento. Cicerón sabe que jugar al enfrentamiento con César puede no ser la mejor idea, pero Catón está ciego en la polarización absoluta." Y fue precisamente Catón, ha concluido el escritor, quien promovió la guerra civil. El paralelismo con ciertos estilos políticos actuales quedó en el aire, sin necesidad de nombrarlo.

Cuando se le pregunta si en dos mil años hemos cambiado mucho, Posteguillo responde con una sonrisa y un 'pero'. "La naturaleza humana ha cambiado muy poco y la lucha por el poder ha cambiado los rostros, pero no las formas." El matiz que introduce a continuación es revelador: sí nota, ha dicho, "un poquito de bajón en la preparación cultural, literaria y filosófica de los políticos." Su ejemplo es preciso: Cicerón editó un libro del filósofo Lucrecio y le envió una copia a César, su rival político, para conocer su opinión. "A mí me cuesta imaginar un político en España, en América Latina o en Estados Unidos que edite un libro de filosofía y se lo mande a un adversario para debatir sobre ello."

Sobre el lado oscuro del personaje, Posteguillo describe cómo hay decisiones militares en la Galia que son, en sus palabras, "muy duras". Pero ha pedido que se contextualicen: no existía la Convención de Ginebra, los adversarios galos podían rodear y aniquilar una legión entera, y la guerra de aquella época era de una crueldad que las sociedades contemporáneas ya han convenido en considerar inaceptable, precisamente porque han evolucionado. "No se puede juzgar la guerra de esa época igual que ahora", ha sostenido.

La conversación cerró con el horizonte editorial del proyecto. Los tres mundos completa lo que Posteguillo llama "la trilogía del ascenso". Quedan tres novelas más, agrupadas bajo el concepto de "trilogía del poder": la cuarta abordará la rebelión de Vercingétorix y el cruce del Rubicón; la quinta, la guerra civil entre César y Pompeyo y el simultáneo conflicto entre Cleopatra y su hermano Tolomeo; la sexta y última, la conjura que acabó con la vida del dictador. Doce años de trabajo, seis novelas, y apenas la mitad del camino recorrido.

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