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Por Emilio Rodríguez García

La vivienda como anticonceptivo


Cada vez nacen menos niños y nos hemos acostumbrado a explicarlo todo con un mantra simplón: "la gente ya no quiere tener hijos". Es cómodo, porque reparte culpas hacia abajo (las personas) y exime al sistema. Pero los datos desmontar ese relato.

Según algunos estudios americanos (habrá que creerlos), el precio de la vivienda podría ser un factor clave en la caída de la natalidad. Si los alquileres por habitación no hubiesen subido desde 1990, en EE.UU. se estima que habrían nacido unos 13 millones de niños más entre 1990 y 2020, un 11% extra, y la caída de fecundidad entre 2000 y 2010 habría sido la mitad. No es un matiz, es un cambio de escenario. La vivienda se ha convertido en un anticonceptivo silencioso. Me gustaría conocer ese estudio en países como La India o China. Seguro que los factores culturales y familiares también juegan un papel importante, pero ahora estamos hablando del impacto de la vivienda, que no es moco de pavo.

No estamos ante decisiones puramente 'individuales' de gente hedonista que no quiere 'complicarse la vida'. Estamos ante parejas haciendo números: ¿cómo meter un hijo más en 65 metros cuadrados de alquiler desorbitado? ¿Cómo pagar una hipoteca a 30 años con salarios precarios y horarios imposibles? La libertad para decidir cuántos hijos tener parece que se acaba en la puerta del portal.

Y aquí en España tenemos un problema especialmente grave debido a un mercado de vivienda casi imposible para los jóvenes. Salarios mediocres, alquileres disparados, hiperconcentración del empleo en grandes ciudades y un parque de vivienda que no está pensado para familias, sino para solteros rotatorios, turistas y segundas residencias. Y si no, mirad la proliferación de los pisos turísticos en cualquier calle de la ciudad.

Luego fingimos sorpresa cuando vemos la tasa de fecundidad rozar mínimos históricos. Y si en España el problema es grave, en Castilla y León aún es peor. Quizá Valladolid se salve, pero el resto de las provincias estamos abocados a un destierro de la natalidad porque no parece que vengan medidas para paliar la escasez de vivienda o al menos facilitar el alquiler o compra a un precio sostenible para las familias.

Si de verdad quisiéramos tomarnos en serio la natalidad, hablaríamos menos de 'valores familiares' y más de metros cuadrados, precios y urbanismo. Construir estudios para solteros en el centro no es neutral: es apostar por un modelo de país donde la familia es un lujo o una excentricidad logística. No una necesidad. Prima el dinero cortoplacista.

Mi opinión es sencilla: mientras la vivienda siga siendo cara, pequeña y mal ubicada para quien quiere criar, cualquier política de natalidad será puro maquillaje. No deberíamos irnos al debate de 'por qué la gente no quiere tener hijos', sino cuántos hijos nos estamos negando como país cada vez que decidimos que especular con el suelo es más importante que poder llenar de cunas los barrios.

Hace años que decidí dejar Madrid para trabajar como SEO en Salamanca. No fue una decisión fácil ni rápida, dado que sacrificaba futuro y dinero, por calidad de vida, pero lo tuve claro. Ahora parece que hay condicionantes más allá de ser una ciudad pequeña, acogedora, barata y fácil de vivir. Pensemos cómo adaptar las viviendas actuales para la población del mañana.