Mutismo selectivo: Cuando los niños no quieren decir ni 'mú'

Niña en silencio, callada, mutismo selectivo (Foto: E. P.)

El mutismo selectivo no es "consecuencia de algún tipo de alteración neurológica que afecte al desarrollo".

Algunos niños son incapaces de hablar en determinadas situaciones. No es un trastorno relacionado con el lenguaje o el habla, sino que está relacionado con la ansiedad. Se denomina mutismo selectivo y constituye un problema de comportamiento infrecuente pero que puede tratarse.

 

Así lo explica en una entrevista el miembro de la Sociedad Española para el avance de la Psicología Clínica y de la Salud. Siglo XX (SEPCyS), Alfonso Salgado Ruiz, que insiste en que el mutismo selectivo no es "consecuencia de algún tipo de alteración neurológica que afecte al desarrollo".

 

El mutismo selectivo consiste en la decisión de un niño de no hablar, hablar únicamente con algunas personas, generalmente el padre o la madre, o hablar con un tono de voz muy bajo, casi un susurro.

 

"También podemos considerar mutismo selectivo cuando existe un miedo desproporcionado a hablar o una incapacidad para hacerlo en determinadas situaciones o contextos", especica el también decano de la Facultad de Psicología de la Universidad Ponticia de Salamanca (UPSA), que resume que el trastorno "conduce al fracaso constante para hablar en determinadas situaciones, con determinadas personas o en determinados contextos".

 

Uno de los rasgos diferenciadores del mutismo selectivo es que, aunque en teoría puede afectar a niños y adultos, son los niños los principales afectados. "Es un trastorno poco frecuente que se presenta sobre todo en niños pequeños, en educación infantil o los primeros años de primaria, y cuya prevalencia va disminuyendo a medida que avanza la edad", explica Salgado. También es menos frecuente en un adolescente, puntualiza el experto.

 

"En la mayoría de los casos, el inicio es progresivo sin que pueda atribuirse a una causa conocida e identicable", explica Salgado, que desmonta la creencia de que es un problema genético. "Cierto que la reticencia social y la ansiedad social tienden a ser hereditarios", reconoce el experto, pero en este caso el problema no puede ser entendido como hereditario. "En este sentido, el rasgo de inhibición conductual, el temor y evitar situaciones que no son familiares, generalmente se asocia a un mayor riesgo de presentar ansiedad posteriormente", continúa Salgado.

 

Pero otras veces el mutismo selectivo "es expresión de un problema mayor, que condiciona al niño volviéndole temeroso y con angustia", declara el decano de la UPSA. La conducta de evitación social también puede destacarse en este sentido, pero ocasiona una especie de círculo vicioso nada benecioso. "La propia solución es el problema: como hablan muy poco, cuando lo hacen generan gran expectación, lo que les pone en el centro de todas las miradas, generándoles una gran ansiedad que evitan volviendo a permanecer callados", maniesta el experto.

 

Además puede haber relación entre el inicio del mutismo y alguna situación particular, como el inicio del colegio o la separación de sus padres, ejemplica el experto. Pero, en general, "es la propia sucesión de los acontecimientos, con la presencia notable de la ansiedad, lo que va determinando la aparición y establecimiento del problema", resume Salgado.

 

TRATAMIENTO PSICOLÓGICO BASADO EN LA EVIDENCIA

Para el tratamiento del mutismo selectivo, Salgado hace hincapié en que se usen tratamientos psicológicos basados en la evidencia "como en el resto de los problemas de comportamiento en los que media la ansiedad", matiza.

 

Actualmente existen varios protocolos de intervención que implican la participación de los niños, los padres y los educadores. El objetivo es "eliminar un comportamiento que premie el mutismo, como hablar por signos, dibujar o hablar por el niño y reforzar las ocasiones en las que el niño habla", indica el miembro de SEPCyS. Por último, también se pretende exponer al niño "de forma lenta y progresiva a situaciones que generan miedo, sin forzar en ningún momento ni insistir en caso de negativa", avisa Salgado.

 

El experto aconseja, además, una evaluación funcional correcta "que determine los componentes implicados y los recursos del niño y su familia", además de la "construcción de un plan de tratamiento centrado en los factores mantenedores del problema".

 

"Existen aplicaciones cientícas al problema y se trata de adecuar las mismas al caso concreto. Una vez determinados los factores mantenedores, la psicología clínica y sanitaria tiene herramientas sucientes para su modicación, estableciendo un procedimiento de normalización y recuperación del desarrollo", detalla el experto.

 

En cuanto a las personas que rodean al niño que sufre mutismo selectivo, Salgado recomienda una relación basada en tres ideas. "No forzar a hablar, ni reñirle ni sermonearle por no hacerlo, favorecer ambientes y momentos en los que hablar resulte natural y cómodo, evitando inicialmente situaciones comprometidas o generadoras de ansiedad y reforzando mucho al niño cuando se enfrenta a situaciones sociales cotidianas", concluye el miembro de SEPCyS.

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