La "imprescindible" labor del voluntariado de la ONCE: autonomía personal, lazos y empatía
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La "imprescindible" labor del voluntariado de la ONCE: autonomía personal, lazos y empatía

Cerca de 150 personas forman parte del programa de voluntariado de la ONCE en Castilla y León

Un voluntario acompaña a una afiliada de la ONCE a comprar. ONCE - Archivo

Quedarse ciega fue para Conchi un momento difícil. La respuesta ante su nueva situación fue la negación, la negación a adaptarse, a salir, a seguir con su vida. Entonces, una mano tendida  ayudó a que viese que era capaz de amoldarse y volver a aprender. Aquella mano era la de Miguel Ángel, un voluntario de la ONCE.

 

“Me sacó adelante”, agradece Conchi, “yo no quería salir y él me llevó a todos lados, pasó todo conmigo”. Hace más de una década esta vallisoletana de 55 años, afiliada a la ONCE, encontró en el servicio de voluntariado a una persona, Miguel Ángel, de 72,  que, con su compañía, consiguió que recuperase las ganas de seguir avanzando. En tanto tiempo, su relación pasó de acudir juntos a las actividades deportivas y talleres de la organización, ir al médico o a comprar, a crear un lazo de amistad: “Somos como familia”.

 

Así lo cuenta la propia Conchi a Tribuna en una llamada telefónica mientras pasea por la capital vallisoletana junto a otros afiliados y voluntarios. “Somos cuatro y vamos unidos por un bastón”, bromea. La figura del voluntario fue imprescindible en una de las etapas más complicadas de su vida y todo lo vivido, como relata, ha hecho que hoy en día ella se haya convertido en voluntaria.

 

“Ahora no solo recibo el voluntario, también soy voluntaria y me encargó del taller de risoterapia en la sede de Valladolid”, cuenta, para subrayar lo “satisfactorio” que es “ayudar a los demás” y saber que haces “algo útil”. “Me siento bien de poder hacer lo que han hecho por mí”, incide.

 

Conchi es una de las más de 4.200 afiliados y una de los más de 150 voluntarios de la ONCE en Castilla y León, entre los que también se encuentra Miguel Ángel. Ambos forman parte de uno de los programas imprescindibles de la entidad que tiene el objetivo de reforzar la autonomía personal, la seguridad y la inserción social de las personas con ceguera o poca visibilidad, como explica Raquel de Miguel, trabajadora social encargada de gestionar este programa en la provincia de Salamanca.

 

“Quizás este voluntariado es más individualizado que el de otras entidades. Es un voluntariado de tú a tú, entre el voluntario y el afiliado”, precisa de Miguel. Dentro de esta iniciativa se encuentran distintos tipos de programas que tienen actividad de forma puntual o periódica y llegan a todas las provincias de Castilla y León en mayor o menor medida en función de la demanda de los usuarios.

 

ACOMPAÑAMIENTO

 

El de acompañamiento es el programa “más extendido”. Supone desde acompañar a una persona a hacer gestiones hasta simplemente ir a pasear juntos y charlar. “Es muy importante porque hay sitios a los que los afiliados no acuden diariamente, lo que hace más difícil el camino, con el voluntario van con más seguridad”, añade la trabajadora social, para destacar los lazos que se crean a partir de esos momentos que se viven juntos.

 

Ese es el caso, por ejemplo, de Pilar, voluntaria, y Rosa, afiliada que reside en un centro de mayores de Valladolid. Su relación comenzó hace casi una década, cuando Pilar decidió que quería formar parte de la ONCE. “Estaba haciendo el Camino de Santiago como voluntaria de Camino, una asociación daño cerebral adquirido (DCA) cuando me vino a la mente que al volver a Valladolid tenía que hacerme voluntaria de la ONCE, fue así, una decisión del momento”, relata.

 

Al llegar de ese viaje Pilar, de 70 años, fue a la sede de la entidad y tras realizar las formaciones necesarias, empezó las visitas a Rosa cada martes, hasta que la pandemia lo paralizó todo. “Ahora hablamos por teléfono, no perdemos relación”, aplaude, pero lamenta que la distancia y el virus les impiden pasear o ir al baile mensual que se celebra en la residencia. “A Rosa le encanta bailar y conmigo aprende”.

 

“Creo que en mi labor con ella, o con otras personas a las que acompaño puntualmente, es fundamental escuchar y empatizar, recalca. Y es que, a su juicio, el voluntario juega una figura importante al ser también una persona ajena al entorno familiar ya que facilita la confianza en ciertas cuestiones.

 

Además del acompañamiento, Pilar colabora como responsable de charlas, apoyo en talleres o en excursiones: “He vuelto a hacer el Camino de Santiago con la ONCE, con seis personas ciegas y con los perros guía, ha sido mi mejor experiencia”.

 

Para llevar a cabo esta labor es indispensable la generosidad, como apunta esta voluntaria y comparten desde la entidad.

 

PROGRAMAS

 

A parte del programa de acompañamiento presencial y telefónico, la ONCE cuenta con otros como el deportivo, en el que los voluntarios acompañan a los afiliados a practicar distintas actividades o pasear. “Este suele ser importante en la población envejecida. Con el bastón no llegan al ritmo y pueden ir más rápido agarrándose al voluntario”, explica Raquel de Miguel.

 

El programa cultural-recreativo es también importante ya que permite a las personas disfrutar del teatro o los libros. El voluntario se encarga, por ejemplo, de acompañar a comprar los billetes y llegar hasta la butaca del espacio donde se desarrolle la función ya que son sitios que el afiliado no suele visitar, lo que dificulta su movimiento. O, como ejemplifica la trabajadora social.

 

El acceso a la información es otro de los programas. “El afiliado que, por ejemplo, no puede leer su correspondencia, se encarga de juntarla para que el voluntariado se las lea. En Salamanca a raíz de este programa surgió un club de lectura”. Asimismo, el voluntariado digital es otra de las opciones y permite “un apoyo entre iguales” ya que entre afiliados se enseñan a usar las nuevas tecnologías. Por último, otro de los programas es el de difusión-tutorización, en el que los mismos voluntarios se encargan de formar a los nuevos.

 

Este año la ONCE ha incorporado un nuevo programa relacionado con los perros guía. En este caso el voluntario se encarga de acompañar al usuario cuando este quiere soltar su can ya que a veces se crea cierta “inseguridad”. “Hay veces que en la suelta el afiliado tiene miedo de que haya suciedad o comida que el perro no debe coger. Entonces, el voluntario le acompaña para comprobar que el lugar está en buen estado. Es un programa que acaba de salir este año y es genial”, manifiesta Raquel.

 

EL RETO DE LA PANDEMIA

 

“La pandemia ha sido un gran reto, hemos tenido que adaptarnos pero nos hemos visto sorprendidos porque no ha habido nada imposible”, señala de Miguel. En el confinamiento se paralizaron las actividades de forma presencial, pero los mensajes de ayuda de los afiliados siguieron activos y gracias a los voluntarios y la ayuda de otras entidades la ONCE pudo responder a todo.

 

Raquel agradece el trabajo de los voluntarios en estos meses, especialmente a los mayores quienes son mayoría en este programa. “Algunos no han participado en este tiempo porque son población de riesgo y los voluntarios jóvenes han respondido ayudándoles también a ellos”, aplaude sobre el otro perfil.

 

Para seguir llegando a los usuarios la entidad ha sabido adaptarse con llamadas telefónicas que han sustituido al paseo o al café y la charla o incluso con grupos de Whatsapp para que los de los club de lectura no se pierdan las historias. “En Ávila tenemos un club en el que escritores leen libros por audio a los usuarios. Esto se hacía de forma presencial en la capital pero con el WhatsApp ahora también llega a afiliados de la provincia”, apunta.

 

“Al final las distancias nos han acercado”, celebra esta trabajadora social, quien, como Miguel Ángel, Pilar o Conchi también fue voluntaria en la ONCE: “Recibes más de lo que das, engancha, apasiona… Hay muchas cosas que podemos hacer y miedos que podemos eliminar gracias a la imprescindible labor de los voluntarios”.

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