La etnobotánica en los valles leoneses de Omaña y Luna centra un proyecto de un estudiante de Ingeniería Forestal de la UVa

Reserva de la Biosfera de Omaña y Luna. TURISMO CYL

Miguel Ángel Blanco recorre desde el mes de julio los pueblos de estas comarcas donde a través de la tradición oral recopila los usos y nombres vulgares que se daban a las plantas, utilizadas tradicionalmente por la población de la zona

Su afición a la Botánica ha llevado a Miguel Angel Blanco, estudiante de 4º de Ingeniería Forestal de la ETS de Ingenierías Agrarias del Campus de la UVa en Palencia, a emprender el proyecto 'Etnobotánica de la Reserva de la Biosfera de los valles de Omaña y Luna', con el objetivo de recopilar los usos y nombres vulgares de las plantas que se utilizaban tradicionalmente por la población de la zona.

 


Un programa que surge por iniciativa propia, fruto de su gusto por la Botánica y del trabajo que realiza cada verano desde hace cuatro años en un puesto de vigilancia en Omaña (León) y que le deja tiempo, como él mismo señala, para “observar y pensar; así que decidí bajar a los pueblos y preguntar a la gente mayor sobre los usos que daban a las plantas que veía a diario".



El siguiente paso fue contactar con la Reserva de la Biosfera de los valles de Omaña y Luna, donde ha encontrado apoyo científico y financiero para desarrollar esta idea, que le lleva a recorrer los 86 núcleos de población de estos valles leoneses para entrevistarse con las personas mayores que aún residen en la zona y preguntarles qué plantas utilizaban más, para que las usaban o qué nombre reciben en cada lugar.



El proyecto, que comenzó a realizarlo en el mes de julio y que se extenderá durante el próximo año, servirá también para trabajar en la conservación de las variedades tradicionales de cultivos frutales en los valles, con el asesoramiento del Consejo Científico de la Reserva, del que forma parte Estrella Alfaro, especialista en botánica y responsable del Herbario de la Universidad de León.



“Hay variedades que ya han desaparecido y otras de las que quedan muy pocos ejemplares en la comarca. Lo mismo ocurre con ciertas plantas que son raras y con nombres vernáculos inéditos, por ejemplo; a los frutos de la rosa silvestre los llaman paparras y no está recogido en ninguna bibliografía, nombres comunes que en cada pueblo tiene un significado",
relata el estudiante de la UVa.



“También estoy recogiendo la fitonimia de la zona para hacer un mapa de toda la comarca en el que figuren nombres de plantas, por ejemplo, Arroyo del Acebal, o montesinal, que era un lugar donde había muchas montesinas o manzanas silvestres que tampoco aparecen en los mapas pero que tienen un gran valor porque si la gente lo llamaba así, era porque había muchos ejemplares", añade.



Hasta el momento, Miguel Angel ha visitado 15 pueblos donde gracias a la tradición oral ha recopilado hasta 150 especies de plantas diferentes que reciben 200 nombres vulgares según la comarca en la que se encuentren, algunos inéditos; y unos 300 usos.



“Por ejemplo, el Apio lo utilizaban mucho para los niños, cuando tenían lombrices, incluso había un dicho que decía “tienes el niño muerto y el apio en el huerto"; o las flores del Espino mayolar las usaban en infusión en Manzaneda de Omaña, para regular la tensión, tanto para personas hipotensas como para hipertensas. Otras de las que utilizaban están ahora prohibidas, aquellas con propiedades ictiotóxicas, como la que llaman morga que machacaban y la echaban en el agua para atontar a los peces, especialmente a las truchas (muy frecuentes en los ríos de la zona) a las que adormecían y llegaban a coger con las manos", explica.



Toda la información recopilada aparecerá publicada en el libro'“Etnobotánica de la Reserva de la Biosfera de los valles de Omaña y Luna' y servirá como guía para impulsar otras actividades que permitan conservar los usos tradicionales de las plantas; como talleres de cestería, enseñar que plantas se usan, cuales son las mejores, en qué época hay que recogerlas; y también hacer salidas de campo para identificar plantas, entre otras.



Un trabajo que está realizando gracias a su formación en Ingeniería Forestal que ofrece muchas más posibilidades que “repoblar y plantar pinos", y que de no realizarse se perderá una importante información Botánica: “La gente mayor a la que entrevisto me cuenta que hace 10 o 15 años la información hubiera sido mucho más extensa, ya que si no se recogen, esas plantas acaban desapareciendo porque la maleza acaba con ellas".



Darlas uso, por ejemplo en la elaboración de cosmética ecológica, tal y como se hace en una fábrica de la comarca de Luna puede atraer talento a la zona y fijar población especialmente joven, de ahí la importancia de apoyar proyectos como el de Miguel Ángel.

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