ERTEs hasta septiembre: respiración asistida para evitar un desastre en las empresas

Una mujer protegida con una mascarilla pasa junto a un escaparate de una tienda cerrada a consecuencia del coronavirus, en Barcelona/Catalunya (España) a 26 de marzo de 2020.

Muchas empresas necesitarán ayuda más allá de este verano para recuperar sus constantes vitales: si las medidas de apoyo flojean, el coste en empleo y empresas puede ser inasumible.

El acuerdo para extender los ERTEs hasta acabar el mes de septiembre supone para las empresas un respiro, pero no es sino la obligatoria respiración asistida que muchas necesitan para mantener un hilo de vida que les de alguna esperanza de futuro. Asi de terrible es la situación. Si en las plantas de los hospitales y las UCI los respiradores han salvado muchas vidas, las exenciones de cotizaciones y aligerar peso de salarios son absolutamente imprescindibles para dar alguna posibilidad a muchos negocios, empresarios e iniciativas inmersos en el infierno de salir adelante en la más complicada tesitura económica que ha conocido nuestro país.

 

Desde luego que el acuerdo alcanzado y sus términos son positivos, pero de nuevo ha vuelto a producirse demasiado tarde y hay dudas sobre lo generoso de las medidas. El pacto ha llegado tras reuniones infructuosas y se ha aprobado en el consejo de ministros un viernes, a dos días hábiles del final de vigencia de los actuales ERTEs, firmados hasta el 30 de junio. De nuevo empresas y asesores han tenido que esperar para conocer los detalles del texto y tendrán que tomar sus decisiones en tiempo récord. Una pega más que sumar a la tramitación de los expedientes temporales de empleo, una buena idea plagada desde el primer día de improvisaciones y correcciones.

 

Ahora las empresas tendrán que decidir en cuestión de horas si los actuales términos les sirven de algo o no. Los que ya estaban en ERTEs de fuerza mayor pueden seguir y se mantienen las exenciones, pero su extensión se reduce de julio a septiembre y varía según el tamaño de la empresa, siempre con porcentajes inferiores a los actuales. No se podrá contratar a nuevo personal, algo que parece lógico si tienes al tuyo en un expediente; y se mantiene la 'prohibición' los despidos, algo que también concuerda con la voluntad de mantener el empleo ahora 'congelado'.

 

Pero no todo es positivo. Las empresas tendrán que decidir si les salen las cuentas, y lo tienen que decidir ya. De eso dependerá algo tan sencillo como sacar o no a sus empleados del ERTE: nada más y nada menos que decidir si miles de trabajadores vuelven a la 'nueva normalidad' o siguen varados con una prestación que para muchos se ha quedado corta. Y la verdad es que las empresas no lo tienen fácil.

 

El diseño de los ERTE es de trazo grueso por más que hayan participado los agentes sociales. A los ERTEs de fuerza mayor total vigentes actualmente (aquellos que tienen a todos sus trabajadores suspendidos de empleo) se les aplicará una exención en las cotizaciones empresariales del 70% en julio, del 60% en agosto y del 35% en septiembre en el caso de empresas con menos de 50 trabajadores, y del 50% en julio, del 40% en agosto y del 25% en septiembre para empresas mayores de 50 trabajadores. No parece suficiente porque, ¿se habrá recuperado la actividad económica hasta un 75% de aquí a tres meses? Difícil. Se aprecia falta de generosidad o de 'punch' financiero: si las medidas de apoyo flojean, el coste en empleo y empresas puede ser inasumible, y eso no nos lo podemos permitir.

 

La realidad es que no va a ser fácil. Sin turismo exterior, con el 'miedo' a los rebrotes y sin celebraciones populares hasta más allá de septiembre no parece fácil que el sector que más tira de la economía española en los meses de calor pueda estar recuperado el 30 de septiembre. Para algunos es casi imposible, por ejemplo, ese sector de la cultura y las celebraciones que funciona en verano: sin fiestas en los pueblos, ¿cómo van a poder salir del atolladero orquestas, artistas o pequeños comerciantes? Para ellos, pagar el 60% de sus cotizaciones y recuperar trabajadores es inviable cuando van a estar en casa en vez de sobre el escenario.

 

Hay que asumirlo. Muchos negocios, específicos de verano y no específicos, que dependen de la temporada para sus ingresos o que necesitan reactivación economica para recuperar su actividad normal, están más cerca del cierre o la quiebra que de una milagrosa recuperación. Que nadie tenga duda: muchas empresas necesitarán respiración asistida más allá de este verano para recuperar sus constantes vitales. Es el momento de pensar en ERTEs más allá del 30 de septiembre para evitar un desastre en las empresas y el empleo.