SpeaKers Corner

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Por Andrés Miguel

¡Ay el amor!


Cuando era un joven enamoradizo una parte de mi tiempo libre se esfumaba en la lectura de un cierto tipo de literatura, escritores clásicos y modernos que expresaban algunos sentimientos compartidos, que los expandían y daban sentido al momento que vivía.

Algo debe quedar en mí de aquel romántico chaval porque he de confesar que me han ganado con eso de "la fuerza del amor", irremisiblemente.

El amor... Entre otras muchas cosas, el amor ha producido las mejores creaciones literarias, generado las historias de vida más emocionantes, provocado las tragedias más intensas, podría decirse que el amor ha movido el mundo.

En pocas palabras o con largos discursos, los poetas de todo tiempo han dibujado en sus versos las múltiples facetas del amor:

"¿Qué es el amor?, me preguntaba / una niña. Contesté: / Verte una vez y pensar / haberte visto otra vez". (Antonio Machado)

"Me moriré besando tu loca boca fría, / abrazando el racimo perdido de tu cuerpo, / y buscando la luz de tus ojos cerrados. / Y así cuando la tierra reciba nuestro abrazo / iremos confundidos en una sola muerte / a vivir para siempre la eternidad de un beso". (Pablo Neruda)

"Ni en el llegar, ni en el hallazgo / tiene el amor su cima: / es en la resistencia a separarse / en donde se le siente, / desnudo, altísimo, temblando". (Pedro Salinas)

De modo que, ganado por el amor, por la fuerza del amor, me siento capaz de olvidarlo todo.

Voy a olvidar que todo esto comenzó con una moción de censura en la que se prometían inmediatas elecciones generales, aunque se tardasen 18 meses en convocarlas (y éso porque no se aprobaron los presupuestos).

Voy a olvidar que, para asegurarse el cargo, nuestro presidente pactó con quienes "no dormirían ni él ni el 95% de los españoles".

Voy a olvidar que iban a traer esposado a Puigdemont, pero después pactaron con él una amnistía, pese a haber asegurado que AMNISTÍA era una palabra que "jamás veríamos en el BOE".

Voy a olvidar que nos dijeron que jamás indultarían a políticos, hasta que hubo que indultar a los suyos o a aquellos de cuyos votos dependían.

Voy a olvidar que prometieron bajadas de impuestos y luego hemos sufrido unas 70 subidas.

Voy a olvidar que iban a facilitarlo todo para que se crearan empleos a paladas y que aún celebren los datos de desempleo como los más bajos desde 2007; olvidaré que uno de cada cuatro desempleados en Europa vive en España y que el paro juvenil no baje del 23%. Olvidaré también que, por otro lado, las cifras de desempleo de larga duración no menguan o que a los datos les hayan aplicado el trampantojo de no considerar a los fijos discontinuos (unos 900.000 que durante buena parte del año no tienen trabajo y cobran el paro).

Por la fuerza del amor voy a olvidar que sufrimos la peor gestión de la pandemia de COVID que pueda recordarse en el mundo entero, que no hacían falta mascarillas, que luego sí, que el Gobierno se gastó pastizales en test y mascarillas que después no valían (comisiones ilegales por medio, claro), que aún no conocemos el número de muertos (palmábamos por culpa del turismo y por ser una sociedad envejecida, nos dijeron).

Voy a olvidar las veces que nos dicen que la economía va como un cohete pese a que la inflación haya subido un 28% desde 2018 y los ciudadanos deban afrontar sus gastos generales cada día con mayor dificultad, si es que pueden. Si tienes dudas, entra en un supermercado.

Por el amor voy a olvidar que nuestro presidente ha llegado a prometer unas 240.000 viviendas nuevas, ya fuera para su compra o para alquiler asequible, ya fuesen para jóvenes o destinadas a familias vulnerables, como estoy dispuesto a olvidar que, desde que comenzó a gobernarnos, el precio de las viviendas se haya incrementado un 74% y el alquiler un 45%, de modo que no hay quien compre una o alquile otra... quizás por éso se okupan por quienes hoy tienen más derechos que los propietarios mismos.

Incluso, por la fuerza del amor, voy a olvidar que, cuando se pusieron a defender a las mujeres maltratadas o aquellas que sufren violencia sexual (Ley Orgánica 10/2022 de garantía integral de la libertad sexual, la del "sólo sí es sí"), provocaron unas 1.233 reducciones de pena y 126 excarcelaciones de agresores sexuales. No es lo que mejor le va a la cosa del amor, la verdad, pero estoy dispuesto a olvidarlo.

Y, por ir terminando, voy a olvidar también que la corrupción ligada a las 22 tramas investigadas relacionadas con este Gobierno nos cuesta, a todos los ciudadanos, unos 5.432 millones de euros, según un informe del Instituto Juan de Mariana. Al fin y al cabo, como decía Quevedo, "Madre, yo al oro me humillo: / Él es mi amante y mi amado, / Pues de puro enamorado, / De continuo anda amarillo; / Que pues, doblón o sencillo, / Hace todo cuanto quiero, / Poderoso caballero / Es don Dinero".

Ah, se me olvidaba, por la fuerza del amor, incluso, voy a ser capaz de olvidar que las queridas de Ábalos las pagábamos todos. ¡No me digas que eso no es ser romántico!