Síndrome de la cabaña
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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

Síndrome de la cabaña

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El blog de Juan Carlos López Rodríguez en Tribuna de Valladolid.

Después de unos meses “encerrados” ahora, que por fin podemos salir, hay muchos no quieren. Les ocurre a mayores y a niños. Tenemos niños que dicen “Papá: yo, como me tengo que lavar las manos con alcohol cada vez que salgo, mejor no quiero volver a salir”; otro cuando su madre le mandó bajar a coger los calcetines que se habían caído al tender, le dijo, “Mamá, la próxima vez bajas tú ¿vale?”. Los hay que salen con las manos en los bolsos y no las sacan en todo el paseo.  Este nuevo enemigo nos está dejando muchos miedos.  Según los estudios psicológicos, una de cada tres personas podrá presentar algún trastorno psicológico, y si ya lo tenía, éste se podrá agravar.

 

Vamos a centrarnos en uno nuevo: El síndrome de la cabaña. Aparece en personas que, a pesar de que ya pueden salir, han decidido quedarse en casa. Se trata del miedo a salir a la calle por temor al contagio. Miedo a contactar con otras personas fuera de las paredes de nuestra casa, temor a realizar actividades que antes eran cotidianas como trabajar fuera de casa, coger medios de transporte público, relacionarnos con otras personas conocidas, etc. Incluso se están produciendo situaciones de violencia verbal o mala educación producto de la tensión acumulada y del miedo.

 

Quien experimenta el “síndrome de la cabaña” puede sentir ahora, por un lado confort, seguridad y tranquilidad en las actividades en casa a la vez que ansiedad, evitación e irritabilidad por el mero hecho de pensar en salir a la calle o retomar la vida que tenía antes del confinamiento. En casa nos sentimos más seguros. La vida también resulta más sencilla aquí dentro.

 

Por otro lado, las personas que pasan el confinamiento solas tienen más posibilidades de desarrollar este síndrome. El hábito de no tener ningún contacto físico o cercano con otra persona puede haber creado una forma de rechazo a lo que ahora es excepcional para estas personas, que es el contacto con los demás.

 

SOLEDAD

 

Un pequeño inciso sobre la soledad, que en estos días se ha agudizado para muchos. La soledad, en Estados Unidos, es una de las principales causas de muerte.  En los estudios realizados por el instituto de la felicidad de Dinamarca, hablan de soledad, cuando una persona no tiene a quién contarle sus problemas; no vale tener muchos amigos, hay que tener al menos uno de calidad. Cuando se realizó esta investigación en Colombia, solo un 13 % de las personas tenían alguien a quien contar sus problemas. La soledad es más profunda sin el abrazo, por ello hay que abrazar con la sonrisa y besar con la mirada, como nos decía Alfredo Correll.

 

Se calcula que en Japón existen más de medio millón de hikikomori. Hikikomori son personas que han elegido abandonar la vida social por completo. La mayoría son jóvenes que viven encerrados en su habitación durante años, sin hacer nada más que jugar a videojuegos, comer y dormir.



Nuestra mente no quiere sorpresas, y prefiere lo malo conocido a lo bueno por conocer. Una vez hemos establecido unas rutinas para nuestra vida en confinamiento, por muy deprimentes que sean, de forma inconsciente se resiste a salir de ellas. Muchos hemos estado cómodamente mal, pero cómodamente, a fin de cuentas.

 


Por eso hay gente que ya no vive el confinamiento a disgusto y le preocupa más lo que vendrá a continuación.

 

¿A quiénes afecta?

Principalmente a ancianos, a algunos niños y personas con perfiles de personalidad más hipocondriaca o ansiosa.

 

¿Cuáles son sus síntomas?

  • Letargia: sentirse cansado, con dificultad para levantarse del sofá o la cama.
  • Dificultades de atención: problemas de concentración y, por lo tanto, ciertos despistes o déficits de memoria.
  • Apatía o falta de motivación.
  • Emociones y sentimientos desagradables, como angustia, miedo, inseguridad, tristeza o frustración, ansiedad.

 

Pautas para superarlo

Nadie se desembaraza de un vicio tirándolo por la ventana hay que sacarlo peldaño a peldaño decía Mark Twain. Y así habrá que hacerlo.

 

Las salidas deben ser graduales, de manera que cada uno pueda ir regulando qué necesita y cómo. Darnos tiempo para aceptar y gestionar la nueva situación.

 

Marcar nuevas rutinas y objetivos muy a corto plazo.  Emplear esas salidas para realizar algo que nos agrada o que nos pueda aportar una leve sensación agradable, al menos al principio. Disfrutar del sol en la piel, facilitar el contacto con algo de naturaleza. Si asociamos la salida, que nos agobia, con una consecuencia de placer, es más fácil que repitamos la experiencia al día siguiente. Por ejemplo, con los niños podemos buscar un objetivo: coger palitos para hacer un columpio a un pajarito, buscar piedras para luego pintarlas…

 

Otro aspecto para aliviar los síntomas del “síndrome de la cabaña” es respetar y seguir los protocolos estipulados de seguridad. Frente al miedo al contagio estas pautas de distanciamiento social, lavado de manos y uso de mascarilla nos puede proporcionar cierta sensación de seguridad.

 

A veces no sabemos qué entienden los niños de la información que oyen y pueden malinterpretarla y generarle más miedos. Si les explicamos que, si van protegidos y cumplen las normas de distancia social y lavado de manos, no pueden contagiarse, irán más tranquilos

 

Cuidar el diálogo interno. Evitar alimentar los miedos y las inseguridades. Es importante cuidar lo que nos decimos a nosotros mismos ante la situación vivida.

 

No reprimir las emociones. En estos momentos, más que nunca, es importante escucharnos y atender a nuestras necesidades. Es normal tener miedo como también es normal querer superarlo. Si no tienes a nadie a quien contárselo, escríbelo.

 

Como dijo J.R.R. Tolkien: “solo atravesando la noche se llega a la mañana”. Atravesemos, pues.

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