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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

Padres suficientemente buenos

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El blog de Juan Carlos López en Tribuna de Valladolid.

No, no buscamos padres perfectos. Como nos decía Winnicot, buscamos padres suficientemente buenos. Buenos para que nuestros hijos crezcan felices y equilibrados, para que sean una pieza que ayude a mejorar el engranaje del mundo, nunca un estorbo en el planeta.

 

Para ello necesitamos padres que estén tiempo de calidad con sus hijos, que sean un buen modelo, padres humanos, que muestren abiertamente sus emociones sin dejarse controlar por ellas.

 

Nuestros hijos nos observan constantemente y así van adquiriendo valores. “Educar es seducir con los valores que no pasan de moda”, nos dice Rojas Marcos. Si queremos que sean hombres de bien, debemos empezar por serlo nosotros. El primer órgano educativo es el ojo. Y así nos convertiremos en los cimientos de su vida.

 

Necesitamos padres que, desde la infancia, además de acompañar respondiendo a las necesidades de los hijos, creen hábitos saludables de alimentación, sueño, deporte.  El mejor regalo que un padre puede hacer a su hijo es su tiempo con una lluvia fina de amor.

 

Entrenarles a tener paciencia, a no ser la generación del YO, YO, y YA, YA, es decir la generación que todo lo quiere para si e inmediatamente. Los niños son presentistas, pero hay que enseñarles a esperar, a que no todo se consigue para “ya”.

 

A un hijo hay que escucharle mirándole a la cara, sentados a su altura. Como padres debemos aceptar sus sentimientos, y ayudarles a manejarlos. Debemos hablarles con tranquilidad, nunca ridiculices a tu hijo en publico. Y, si es preciso, debemos pedir perdón, reconocer los errores. Los niños quieren que sus padres se sientan orgullosos de ellos.

 

Si tu hijo grita, no lo hagas tu también ya que, al subir al ring de la pelea, subes a su campo: “Mi mamá también grita”; Y en la espiral de gritos, tú siempre pierdes

 

Un buen padre protege a su hijo, pero al mismo tiempo le prepara para que sepa defenderse y protegerse el mismo en el mundo. ¡Ojo! He dicho “protege” no “sobreprotege”. La sobreprotección es un tipo de malos tratos.  Sus efectos son los mismos que los de un mal trato.

 

Le enseña lo que sabe, pero sobre todo le permite que aprenda por si mismo. No queremos crear hijos sabelotodo, sino aprendelotodo. Tenemos que inculcarles el interés por aprender.

 

Ponle límites, para saber vivir en una sociedad, respetando las normas y a los demás.  Para que cuando sea adulto no se frustre ante un “NO”. En educación, sí hay líneas rojas que no se deben pasar, y hay que mostrárselas.  Firmes en el fondo, suaves en la forma. El niño debe sentir el amor del padre siempre.

 

La corrección no está ausente de amor, “te quiero como si lo hubieses hecho bien”. Mucho cariño, pero con cariño no basta, hay que decirle no porque los queremos, enseñarles a perder batallas. Debemos mostrarles que la vida no es siempre simpática, por ello no le prives de ir a un hospital, de ver una residencia de ancianos,  de hablar de la cara B de la vida. No hagamos una generación blandita. A veces se deprimen porque la vida no es vivir entre algodones.

 

Hay que enseñar a los niños que no pidan a la vida más de lo que la vida les puede dar. Y eso es compatible con luchar por lo que quieren. Pero necesitan aceptar. Tiene que saber chutar la pelota según viene. Ser flexible ante los vaivenes de la vida.

 

El padre bueno no teme el contacto, es capaz de dar y recibir el amor paternal, a través de cuerpo, palabras, gestos, acciones.

 

Un niño no es un proyecto, una inversión en la cual planificamos todo. No sobrecargar su día. Tengamos en cuenta que la mejor actividad extraescolar se llama hogar y los profes son los padres. Muchas veces los queremos mucho, pero a veces los queremos mal. Tampoco la felicidad del padre debe depender de lo que haga el hijo. No debemos refugiarnos solo en nuestros hijos, el padre debe tener algo de  vida también más allá de la paternidad.

 

Para educar a nuestros hijos hay que trenzar dos variables, educación y formación: la escuela tiene que formar y complementar la educación que se dan en los hogares; en la casa hay que formar y complementar la formación que te dan en la escuela. Si tienes una persona bien formada y mal educada tenemos un grave problema. La educación hace buenas personas, la formación hace buenos profesionales.  La combinación de los dos hace buenos ciudadanos.

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