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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

Mi coto privado

Redry detail

Consciente o inconscientemente cada uno tenemos un “coto privado” invisible pero real, sin vallas, pero con límites.

 

Hay quien tiene un coto amplio, donde entra cualquiera, el de otros es más restringido; unos son complacientes, otros funcionan bajo el mandato “No te acerques”, y hace que se viva aislado.

 

En mi coto privado dejo entrar a los que me hacen sentir bien, no entran los que me crean ruido mental. Los telediarios los tengo vetados: las noticias que me importan las elijo yo. Las malas no me interesan, ni los portadores de ellas tampoco. En mi coto privado, tengo elegidos los lugares que visito, los pensamientos, las lecturas, y las imágenes de mi mente.

 

Algunas personas entran un rato, pero pronto van a la puerta de salida. Están bien para un momento, pero nada más.

 

No entran los rencorosos, ni los interesados. Tampoco los que no saben perdonar.

No permito que el odio, la envidia y la negatividad de otras personas, detengan mi buen ánimo, mis ganas de ser mejor persona, ni de luchar por lo que quiero.

 

Unos están presentes sin estarlo, en otra dimensión, porque un día se fueron demasiado pronto, pero aprovecho la ventaja que tenemos las personas de usar nuestra mente y nuestro corazón para no tener limitaciones ni de mente y ni de espacio.

 

En mi coto privado hay mucha gente que me regaló la vida, y aunque están separados por kilómetros, los siento cerca, disponibles…, son los que sé que se alegran de lo bueno que me pasa y se entristecen cuando algo no me va bien. Estos saben que siempre tienen la puerta abierta, aunque nos separe la distancia.

 

La contraseña de paso es muy fácil, “Bonding”, ¿os acordáis? “sentir emociones positivas con proximidad afectiva”. Es esa unión de corazones de buena voluntad.

 

En él no caben los falsos, ni los que vienen con mala voluntad, tampoco los envidiosos.

Son bienvenidos los agradecidos, los deportistas, los que luchan por ser feliz, los que no buscan culpables, los que asumen su propia responsabilidad; los fáciles, los que se esfuerzan por no ser un problema.

 

Pueden pasar los que son sensibles con el dolor de los demás, los ecologistas, los que reciclan, los que cuidan el medio ambiente, los que comparten lo bueno que leen o ven.

 

Los que meditan, los que disfrutan de lo sencillo, los que no se avergüenzan de llorar, los que respetan a las mujeres, los que cuidan, quieren y protegen a los abuelos y a los niños.

 

Los sensibles con la gente que tiene dificultades para vivir, bien físicas, o bien sociales,

Los bien hablados.

 

Tengo una muralla alta, gruesa e infranqueable, para los que buscan hacer daño, para los que no tienen escrúpulos, para los avariciosos, los que maltratan a los animales, los que pegan, los que insultan, los que se creen que lo saben todo, los criticones, los que vacilan de correr con los coches, los que no cuidan su cuerpo, los que se emborrachan, los intransigentes.

 

 Cada uno tiene su coto privado, no es ni mejor ni peor que otro; es más, hay gente encantadora que estaría muy a gusto si se encontrasen. Pero en su Coto privado.

 

Como nos decía el poeta Redry, “Quédate con quien tengas ese algo que nadie entiende.”

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