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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

La participación de la familia en la escuela

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Retomo, después de algún tiempo, este apartado que me ha reservado Tribuna para seguir reflexionando sobre algunos aspectos de la educación, la familia y el futuro de nuestra sociedad. Disponer de un espacio en un digital como Tribuna de Salamanca es un privilegio y una responsabilidad que he de seguir afrontando con respeto, trabajo y dedicación.

Ayer, en mi clase en la Universidad, estuvimos tratando sobre la participación de la familia en los centros educativos. Los alumnos escuchaban con atención (¡Qué espejismo virtual!). Les indicaba que las que las condiciones necesarias para la participación en cualquier ámbito -el educativo, el político, el social, vecinal, etc.- son saber, poder y querer.

 

Saber participar en un centro educativo quiere decir contar con formación para la participación, conocer las tareas, los aspectos legales, la jerga de términos que se utilizan en la escuelas y, sobre todo, habilidades comunicativas, es decir, saber estar, saber decir, saber dialogar. Muchas veces, en los consejos escolares, los maestros utilizamos iniciales o términos que los representantes de las familias no comprenden PGA, PD, RRI, PT… Otras hacemos referencias a textos legales que una buena parte de los miembros del consejo no tienen porqué conocer o dominar.

 

Es por ello que, desde los equipos directivos y la comunidad educativa en su conjunto, se ha de adoptar una pedagogía de la participación intentando integrar, en la medida de sus posibilidades, a los representantes de las familias en los códigos que utilizamos en educación.

 

En segundo lugar, poder participar: facilitar la información en las formas que los usuarios, familias y alumnos, puedan acceder a ella y comprenderla, comunicando a los padres las estructuras internas del colegio y proporcionando cauces para la participación. Colaborar en la vida de la escuela no se limita al consejo escolar o al AMPA, hay muchos otros aspectos, tal vez menos estructurados pero que son muy importantes y relevantes para la vida del centro, como la asistencia a tutorías, cooperar en actividades complementarias o extraescolares, asistencia a eventos convocados por el centro: escuela de familia, fiestas del colegio o representaciones varias organizadas por los maestros en las que nuestros hijos tienen un papel de protagonista: teatro, coros, exposiciones de trabajos…

 

Si bien, y he aquí el centro de mi reflexión, ¿podemos realmente participar en la vida de la escuela de nuestros hijos para crear un clima educativo y de convivencia en el que todos asumamos la responsabilidad que nos corresponde? Voy a ser tajante: NO, y un no rotundo.

 

Pondré un ejemplo. Cualquier trabajador, que precise una consulta médica propia o para acompañar a un familiar que necesite ser acompañado, tiene permiso laboral retribuido (en el ámbito privado puede ser que el empleador ponga mala cara o limite este derecho); Es cierto en la función pública tal vez lo tengamos más fácil: solicitas el premiso, asistes a la cita, adjuntas el justificante y todo queda resuelto. Si embargo, para asistir a una tutoría, al consejo escolar de que se es miembro designado o a un festival o representación en el que nuestro hijo actúa… no se cuenta con similares permisos laborales.

 

¿Acaso no nos damos cuenta de la repercusión que implica esta participación en el desarrollo afectivo, social y vital de nuestros hijos? El sistema de salud tendría menos saturación si, como muchos estudios avalan, diéramos más importancia a la educación. Todos, digo todos: políticos, médicos, arquitectos, administrativos, funcionarios, autónomos, trabajadores de todos tipo, han pasado y pasarán muchas horas de formación con un maestro, con una maestra… La futuro de la sociedad depende, en muy buena medida, del prestigio que seamos capaces de dar a nuestros maestros y docentes.

 

Finalmente, querer participar, es decir tener un interés subjetivo, percibir rentabilidad en el tiempo empleado en el centro escolar de nuestros hijos para logar una satisfacción personal. Muchas veces no somos conscientes de las repercusiones en el desarrollo académico, social y humano que conlleva el que nuestros hijos nos vean presentes en su colegio. Si acudimos al colegio para colaborar, participar y contribuir, si un hijo ve que sus padres asisten al colegio para formarse en una charla de la escuela de familia, él detectará que la escuela es importante para su padre, para su madre y, por lo tanto, ha de ser valiosa y respetada por él.

 

Gracias, querido lector, y espero que puedas aportar algo con tus comentarios a esta reflexión que he iniciado. No dudes en añadir cualquier observación que desees para contribuir entre todos a hacer de la educación un espacio participativo que mejore el clima social y humano de las ciudades donde vivimos.

 

@jjrs_USAL

 

Notas:

Imagen de portada obtenida de https://pixabay.com/es/l%C3%A1pices-de-colores-pintura-escuela-2934857/

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