¿Soy la única persona normal?
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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

¿Soy la única persona normal?

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Asisto estupefacto al nuevo mensaje de los gurús de la motivación humana. La buena nueva que hará que cualquier ser humano del planeta aumente su autoestima hasta unos niveles increíblemente elevados. No importa que jamás en tu vida hayas hecho algo que sea medianamente memorable. Da igual que nunca hayas alcanzado un objetivo que te hayas propuesto, por pequeño que haya sido. Porque este nuevo bálsamo de Fierabrás hará que inmediatamente te sientas como ese ser grandioso que siempre has sido y que únicamente tú sabías que eras (y evidentemente el gurú de la motivación). Este nuevo giro con tirabuzón, imposible desde el más básico razonamiento humano, está siendo abrazado por multitud de personas de toda clase y condición. Los padres ahora están encantados con sus hijos, aunque sean unos piezas. Los profesores lo están con sus alumnos, aunque no hinquen los codos en todo el curso. Los jefes no hacen más que valorar a sus colaboradores, sobre todo a los incomprendidos que no pegan ni golpe. Y los directores de periódicos están felices con sus colaboradores, aunque algunos no tengamos ni idea de escribir.

 

Y es que este nuevo orden mundial de la motivación establece, sin posibilidad de llevarle la contraria, que todos los seres humanos tenemos un genio dentro. (No, no el de la lámpara de Aladino). El nuevo mensaje universal, que nos redimirá a todos de la mediocridad, dicta que todos tenemos un talento oculto que tenemos que descubrir. En el caso de que no lo hayas descubierto aún, te lo descubre el gurú de la motivación humana con unas sesiones de coaching (que no te saldrán gratis). Y además, y aquí está el quid de la cuestión, si hasta el momento no has tenido el éxito que te mereces (que, por supuesto, es el mayor éxito que puedas imaginar), es porque ni tú ni todas las personas que has conocido en tu vida (padres, hermanos, parientes, amigos, conocidos, colegas, compañeros del equipo de baloncesto, novias, novios, profesores, vecinos, jefes, parejas, esposas, maridos, amantes…) jamás se habían dado cuenta del talento que escondes.

 

Probablamente en este momento estés algo desconcertado y extrañado. Estás haciendo memoria y no recuerdas ninguna campaña en la televisión o en internet que promulgue esta nueva religión del genio interior. Y tienes razón, pero tengo que avisarte de que los mensajes son en muchas ocasiones tan sutiles que pasan por delante de nosotros sin que nos demos cuenta.

 

Por ejemplo, ¿te has dado cuenta que desde hace varios años el nivel de lo que es realmente meritorio se ha desplomado? Los comportamientos que actualmente se consideran merecedores de reconocimiento y valoración son tan básicos como: ser puntual, tratar con respeto, ser educado, pedir las cosas por favor… Comportamientos que hace unos años no tenían absolutamente nada de meritorio. Porque eran “simplemente” educación. Vamos, lo que a muchos de nosotros nos enseñaron nuestros padres y que a muchos otros ni siquiera se lo enseñaron sus padres, se toma ahora como aquello que merecen ser vitoreado y jaleado por todo el mundo.

 

Por lo tanto, ahora lo excepcional y admirable no es lo que una persona haga, sino cómo lo haga. Es decir, que lo haga con la actitud adecuada (aunque no sepamos exactamente qué es eso de la actitud), con una sonrisa, siendo amable o siendo buena persona. Así que ¡cómo no vamos a tener todas las personas del mundo talentos ocultos por doquier! Sí, sí, tú también.

 

Evidentemente, los gurús no cometen el error de afirmar que tan solo con descubrir ese talento oculto ya está todo conseguido. No, en absoluto. Cual diamante en bruto, ese talento hay que pulirlo, hay que entrenarlo. De nuevo el gurú te enseñará  a hacerlo y ya te digo que tampoco te saldrá gratis.

 

En las empresas este mantra de que toda persona es única, especial y talentosa, se aplica colocándote una etiqueta. Contestas a un test y toda tu vida profesional se resume en una palabra. ¡O incluso en un color! Pero no pasa nada si en ese test que todo lo sabe, los resultados dicen que eres reflexivo o persuasivo o analítico o competitivo o preciso o desenfocado o intolerante o indeciso o sumiso o dinámico… porque según el gurú de la motivación seas como seas te queremos igual. Te queremos en el equipo. Porque eres especial, un ser de luz que a todos nos haces bien. Y nos complementas como el ketchup a la hamburguesa. Todas las personas, sean como sean, son importantes en el equipo. Aunque al mes siguiente el gurú imparta una conferencia sobre los perfiles tóxicos que hay que evitar en los equipos de trabajo.

 

Para finalizar, quiero terminar con una confesión personal: soy un tipo normal. Tanto es así, que si fuera cierto que todas las personas del mundo tuvieran un talento escondido, todos fueran especiales, grandes genios, estoy convencido de que yo sería la única persona normal de todo el planeta. Porque sinceramente, no tengo ningún talento, puedo asegurar que no soy un genio.  Lo que es cierto es que cuanto más practico algo, mejor se me da. Aunque, por otra parte, precisamente por ser el único ser humano normal, yo también sería especial. (Si al final el gran gurú de la motivación humana va a tener razón…)

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

Comentarios

Gustavo 02/03/2021 10:17 #1
Genial Raúl!!! Como siempre retratando la realidad con suma precisión, y con esos toques de humor.

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