Silueta raul garcia diaz original

Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

El mito de que para ser buen jefe hay que ser buena persona

Jefe jefa detail

El blog de Raúl García Díaz en Tribuna de Valladolid.

Tengo un grave problema con las frases grandilocuentes: no me las creo. En cuanto leo una, dudo inmediatamente de ella y empiezo a buscarle las cosquillas. Es verdad que con algunas tampoco hace falta esforzarse mucho. Con solo con leerlas despacio, uno se da cuenta de que lo que está leyendo no tiene ningún sentido, no hay por donde cogerlo. Como, por ejemplo, esta frase que lleva tiempo rulando por internet: «Para ser buen jefe hay que ser buena persona».

 

Como decía Jack el Destripador, vamos por partes. La primera parte es: ¿qué es ser buen jefe? La segunda, obviamente es: ¿qué es ser buena persona? Estoy convencido de que estos dos conceptos se cumple el dicho de: «cada cabeza una sentencia». Por lo tanto, no estamos estableciendo una relación entre dos conceptos claros y objetivos, sino entre dos etiquetas subjetivas, que dependiendo de a quién preguntes significarán una cosa u otra. Por lo tanto, es difícil concluir que para ser buen jefe hay que ser buena persona, porque no sabemos a qué tipo de buen jefe nos referimos, ni tampoco a qué tipo de buena persona.

 

Por otra parte, el concepto de lo que es un buen jefe o una buena persona cambia con el tiempo. Porque la experiencia nos hace interpretar de manera diferente los comportamientos de otros y nos hace ser, eso me gusta creer, un poco más sabios. Recuerdo que cuanto tenía catorce años mi profesor me tenía manía, bueno en realidad la manía era mutua, no entendí hasta muchos años después que fue el mejor profesor que tuve nunca.

 

Pero el error de la frase no reside únicamente en los conceptos absolutamente subjetivos y cambiantes que utiliza, también reside en la relación que establece entre uno y otro concepto. Un tipo de relación que entenderíamos perfectamente en la siguiente frase: «para ser un buen arquitecto hay que ser un buen dibujante», porque las competencias necesarias para ser buen dibujante también son necesarias para ser un buen arquitecto. La relación no acepta ninguna objeción. Pero ¿realmente las competencias necesarias para ser buena persona son requeridas para ser buen jefe? No estoy muy seguro. La verdad es que tampoco estoy muy seguro de que las buenas personas deseen ser jefes.

 

Entonces ¿cuál es la razón por la que nos gusta la frase y nos la creemos? La razón es un sesgo cognitivo: el efecto halo invertido o también conocido como el efecto diablo. Este sesgo consiste en atribuir características negativas a una persona cuya imagen ya de por sí es mala. Siempre me ha llamado la atención que cuando entrevistan a los vecinos de una persona que ha cometido un crimen terrible, crimen desconocido hasta ese momento, la mayoría de ellos se sorprenden de que ese ser perverso y maquiavélico les saludara en el ascensor, les sonriera cuando se cruzaban con él en el portal de su casa e incluso les abriera la puerta para que pasaran primero. Y la razón de esa sorpresa es que nos produce una gran contradicción (disonancia cognitiva lo llaman los expertos) que exista una persona capaz de cometer un crimen atroz y a la vez que sea amable. Porque eso significaría que vivimos en un mundo que no es coherente. Porque el que hace algo mal, es malo.

 

Todos hemos tenido malos jefes, más de los que hubiéramos deseado tener (en mi opinión solo uno ya es demasiado) y necesitamos encontrar la razón por la que esa persona era tan pésimo jefe (en nuestra opinión). Y acusarle de no ser buena persona es tan fácil, tan coherente con nuestro personal concepto de justicia, tan vengativo… que por eso nos quedamos tan a gusto cuando leemos la frase. Inmediatamente pensamos: «ese jefe tan malo que tuve, es que era mala persona». Todo encaja en nuestra cabeza. La razón por la que no aguantábamos a nuestro jefe es porque era mala persona.

 

Hace tiempo tuve un jefe nefasto, pero era buena persona. No está reñida una cosa con la otra. Las razones por las que uno puede llegar a ser un mal jefe son muchas y variadas. Por ejemplo, la inutilidad es una de ellas, también la ignorancia, la prepotencia y el orgullo mal entendido, y por qué no, las deficientes habilidades sociales. Pero un mal jefe no tiene por qué ser una mala persona.

 

La versión más reciente de la frase, que ya he leído varias veces por ahí, es esta: «para ser un buen profesional, primero tiene que ser buena persona». Pues el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. La vida y las personas somos mucho más complejas que lo que puede transmitir una frase vengativa hecha para colgar en una red social. ¡Menos mal!

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: