Contra los propósitos de Año Nuevo
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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Contra los propósitos de Año Nuevo

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El blog de Raúl García en Tribuna Valladolid

La verdad es que no suelo ser de esas personas que eligen ciertas fechas concretas del calendario para ser nombradas los momentos más propicios para algo, ya sea para empezar una dieta, empezar a hacer ejercicio o cualquier otro suplicio que nos encanta infligirnos a los seres humanos porque podemos y ya está. Cuando he esperado a un día concreto, como por ejemplo un lunes, o el primer día del mes, el primer día del otoño, o incluso la  segunda quincena de septiembre, por poner algunos ejemplos, una vez llegado ese día me he decepcionado terriblemente. Porque es un día como otro cualquiera: tiene 24 horas y cualquier cosa que fuera a hacer me venía igual de mal o igual de bien que otro día cualquiera. He de reconocer que lo más probable es que la razón de mi decepción sea que me creo unas expectativas demasiado altas. Cuando alguna vez he señalado una fecha concreta para hacer algo, he creído firmemente que a partir de las 00:00 de ese día, el bloqueo que me impedía hacerlo desaparecería, que algo cambiaría en el universo o en mi persona para poder permitirme cambiar mis hábitos y ser una persona nueva. Y claro, al llegar ese día me decepcionaba miserablemente y aplazaba el inicio de eso tan increíblemente importante a otro fecha igualmente intranscendente.

 

El día 1 de enero es mal día para empezar a hacer cosas. Has cenado bastante la noche anterior, has trasnochado mucho (entre otras cosas porque a partir de los 30 años, cada año que pasa, trasnochar se adelanta una hora) y te has habituado a levantarte más tarde de lo habitual (qué pronto se acostumbra uno a eso). Total, que empezar a poner en práctica los nuevos propósitos, tendrás que empezar después de comer. Más bien a media tarde (por lo de la siestas). Así que cuando ves que a eso de las seis de la tarde empieza a anochecer y estás bastante adormilado, decides que los propósitos de año nuevo los empezarás el día 2. Y cuando llega el día 2 te da el bajón porque no has cumplido el primer día del año y eso es un mal augurio (además de una estupenda excusa). Así que prefieres enviar todos tus propósitos de año nuevo, al siguiente año nuevo y te quitas de un plumazo toda la presión a la que has visto sometido durante… las diez horas que has estado despierto.

 

Y es que las fechas señaladas no lo son porque queden bien en el calendario. Las fechas señaladas son señaladas por lo que hiciste o lo que ocurrió en ellas. El nacimiento de Entrepersonas (mi empresa de consultoría en RRHH) fue un 10 de enero de hace casi siete años. El 10 de enero, a priori, no es una fecha espectacular para hacer algo memorable. Es verdad que el 10 es un numero redondo, pero poco más. El nacimiento de mis hijas se produjo un 2 de febrero, aunque llegamos al hospital el 1 de febrero (fecha a todas luces llamada a ser mucho más transcendente que un día segundón), pero decidieron nacer al día siguiente. Otra fecha señalada para mí es el 19 de febrero, mi cumpleaños, otro día sin glamour de ningún tipo, pero con gran importancia para mi persona.

 

Si piensas en tus fechas importantes te darás cuenta de que la mayoría de ellas no coinciden con fechas bonitas del calendario. Pero seguro que para ti tienen un significado muy especial por lo que hiciste o lo que ocurrió en ellas, no por ellas en sí mismas. Creer que un día concreto va provocar que estés más motivado, más concentrado, más fuerte, más desocupado o más listo que el anterior o el siguiente, es un pensamiento mágico de un tamaño considerable.

 

Y es que el mejor momento para empezar algo es cuando te dé la gana. Vete preparando ese momento. Planifica la situación con tiempo. Madura en tu cabeza lo que vas a hacer y cómo lo vas a hacer. Analiza los obstáculos que te encontrarás en el camino y establece cuál será tu respuesta cuando llegue cada uno de ellos. Convéncete estableciendo los pros y los contras y recuérdatelos de vez en cuando. Y cuando estés listo y preparado ve a por todas. El día que sea.

 

Esperar a que llegue una determinada fecha para hacer lo que tienes que hacer me parece una tontería supina. Si sabes que tienes que leer más, por ejemplo, ve haciendo una lista de libros y priorízalos, establece en qué momento del día es mejor que trabajes tu hábito de lectura, anticipa qué puede provocar que esa planificación se vaya al garete, recuérdate por qué quieres leer más… Todo eso conseguirá que tus ganas de empezar a leer el libro elegido se vayan incrementando. Y cuando estés deseando que eso ocurra… siéntate y lee. En ese momento te dará igual que sea 1 de enero, 12 de febrero o 24 de marzo.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

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