Cabezotas
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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Cabezotas

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La palabra cabezota tiene dos acepciones recogidas en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Por una parte, hace referencia a la persona que tiene la cabeza grande. Por otra, se dice de una persona que es terca y obstinada. Estas mismas acepciones se recogen en la palabra cabezón. Pero teniendo que elegir entre ambas para referirme a la obstinación, prefiero cabezota. Creo que es más clara y evidente en esa acepción que cabezota.

 

En realidad, una persona cabezota es una persona perseverante pero sin glamour. Es más natural y original, sin aditivos ni conservantes. Un cabezota no ha pasado por las manos de un coach ni de un gurú. Simplemente está convencido de algo y sigue hacia delante a pesar de los obstáculos, de los problemas, de las objeciones, de las situaciones y de las personas que le rodean. El gurú ya habría llamado a eso resiliencia, yo lo llamo cabezonería. Sí, la cabezonería tiene también algo de resiliencia, pero sin el glamour de esta.

 

Es cierto que hay cabezonería de la buena y cabezonería de la mala. Y si piensas que la cabezonería es siempre mala es que no te has dado cuenta que lo que tú llamas perseverancia, cuando hablas de ti mismo, es lo mismo que llamas cabezonería cuando te refieres a los demás.

 

En la vida hay que ser cabezota para muchas cosas: para aprender, para entender, para ser escuchado, para ser tenido en cuenta… Pero para lo que seguro que hay que ser cabezota es para generar hábitos, tanto buenos como malos. Lo que pasa es que para los hábitos malos suele costarnos menos ser cabezotas. Y aunque nos parece que se coge antes una costumbre mala que una buena, en realidad es lo mismo.

 

A veces una persona puede ser cabezota sin ser consciente de ello. Por ejemplo, si uno es responsable de un equipo se puede empeñar en no tener en cuenta las aportaciones de sus colaboradores, ni siquiera sus comentarios. Y puede que lo haga sin darse cuenta. Pero si es lo suficientemente cabezota, conseguirá que su equipo deje de proponerle ideas. Aunque, por otra parte, el equipo puede ser también muy cabezota y seguir proponiendo ideas y haciendo comentarios día sí y día también. Ambas partes pueden ser cabezotas sin ni siquiera darse cuenta. La cabezonería es asombrosa.

 

En ocasiones, cuando hablo con personas al respecto de la cabezonería, me dicen que les hubiera gustado ser más cabezotas con algunas cuestiones en el pasado. Por ejemplo, para tocar la guitarra o para hacer deporte. Pero no suelen caer en la cuenta de que para eso debería haber sido menos cabezotas en otras cosas, como por ejemplo, para ver la televisión o para quedarse en la cama durmiendo hasta tarde los fines de semana.

 

Quiero terminar animándote a que seas más cabezota en todas aquellas cosas que creas que te benefician a ti o que benefician a los que te rodean. Trata de ser cabezota únicamente en la acepción referente a la terquedad y a la perseverancia, no a la de la cabeza grande. Aunque si por casualidad eres jugador de fútbol, estás jugando la Euro 2020 y meter goles con la cabeza es en lo que has decidido ser cabezota, quizá en tu caso sí sean recomendables ambas acepciones.

 

Gracias por leer.

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