Silueta original

Feliz con poco

Félix Martín Santos
@FMSFelizconpoco

Joyas de la Tierra de Lara: Segunda parte

La contemplación y disfrute de nuestro patrimonio cultural es una de las mejores estrategias para incrementar nuestra calidad de vida, especialmente cuando con una simple mirada abarcamos cualificados vestigios de épocas pretéritas, como los observados desde Peñalara, en la Tierra de Lara burgalesa, donde el poder evocador de la historia supera al de la leyenda:

Huellas y restos de dinosaurios, de hace 144 millones de años; dolmen del neolítico, en Cubillejo de Lara; castros celtas; el Picón de Lara, restos del castillo vinculado con la figura del conde Fernán González, que afianzó y encumbró la Castilla condal; Lara de los Infantes, donde se asienta Nova Augusta, municipio romano de época Flavia, gran centro epigráfico; y la ermita visigótica de Quintanilla de las Viñas, entre otras prominentes obras de arte de todas las épocas, así como naturales, pues alberga los sabinares más extensos y mejor conservados del planeta (Sabinares del Arlanza) y uno de los mejores quejigares del mundo (dehesas de Mambrillas de Lara y de Hortigüela).

 

A mi entender, este extraordinario patrimonio cultural tiene un carácter universal, que no sólo debe ser objeto de rehabilitación y protección, sino también de promoción, para beneficio de todo ciudadano del planeta que tenga la fortuna de verlo y conocerlo.

 

Tierra de Lara: Desde Peñalara, sede de un castro celtibérico, mirando al este, se aprecia el Picacho, La Muela, emplazamiento del castro celtibérico, y el Picón de Lara, Lara de los Infantes, asentada sobre Nova Augusta, municipio romano en época Flavia.

 

Imagen aérea del Picón de Lara, La Muela y Peñalara. Cortesía Roberto Aguado.

 

Vamos a continuar este artículo en el punto en el que concluyó el anterior, en la cima de La Muela (1184 m.), topónimo referido por José Luis Monteverde, en 1958, cuando describió los restos celtas que halló, en 1938, junto a Matías Martínez, entonces director del Museo de Burgos, que analizamos en el artículo precedente. Es una pena que ahora nadie denomine así a este cerro escarpado con cima plana, situado entre Peñalara y el Picón de Lara. Incluso en el mapa del Instituto Geográfico Nacional recibe otro nombre: el Morollo.

 

La única Muela que conoce la gente que vive o/ y visita esta tierra es la que corresponde a la cumbre más alta (1.374 m.) de la vecina Sierra de las Mamblas, que también alberga restos de un castro celta.

 

Tierra de Lara: Accediendo al montículo (La Muela) que precede al Picón de Lara, que se divisa al este.

 

Después de estas aclaraciones empezaremos con la ruta de este contenido.

 

Desde la cumbre de la Muela, con la mirada puesta en los restos del castillo condal, procederemos a descender por un sendero pedregoso, rozando una pequeña pared rocosa, a nuestra izquierda, la correspondiente a un lienzo de la muralla que protegió La Muela, hasta llegar, en breve trayecto, de 200 metros de longitud, a una explanada (1.140 metros de altitud). Desde aquí hasta la ladera occidental del castillo, la que tenemos enfrente, sólo hay que andar poco más de una cincuentena de metros (60 m.). Una vez en ella, remontaremos su pendiente para llegar hasta lo que parece ser el foso de lo que antaño fue una poderosa fortaleza.

 

Picón de Lara, aproximándonos por el este.

 

A continuación, lo bordeo por el suroeste, viendo restos de paredes con mampuesto y sillarejo, hasta acceder por el este a lo que queda de la torre del homenaje. Pura ruina, pues de las cuatro plantas que llegó a tener, ahora sólo quedan minúsculos restos de su cuerpo inferior, lo que queda del último desmoronamiento, acaecido el 31 de diciembre de 1995, que cambió su silueta: desapareció el vano a modo de falsa puerta, por pérdida de sus sillares, que aparecía en una de sus dos paredes, quedando dos espigones desiguales, que, posteriormente, se han beneficiado de labores de consolidación.   

 

En el sector septentrional se observan los restos de una pequeña construcción rectangular (11x4 m), el arranque de sus cuatro paredes, de ladrillos y piedra, cuya antigua función desconozco.

 

Tierra de Lara: rodeando, por el sur, el perímetro del Picón de Lara.

 

Tierra de Lara: Mientras bordeamos, por el sureste, el Picón de Lara, apreciamos restos de lienzos de muralla con piedra de sillería.

 

Cuando a principios de marzo de este año visité estos emblemáticos restos, observé cómo una planta rupícola de bello nombre, ombligo de Venus (Umbelicus ruspestris), se adueñaba de un ángulo de los mismos. Cuando volví a visitarlos a finales de junio, me recibió un variado estrato herbáceo y floral, que dulcificaban tanta ruina y desolación.

 

Restos de la torre del homenaje del castillo de Lara, engalanados con ombligo de venus (Umbelicus rupestris). 21-02-2020

 

Restos de la torre del homenaje del castillo de Lara. A finales de la primavera (21 de junio 2020) una variada vegetación dulcifica la soledad dominante.

 

A pesar de la triste apariencia de arquitectura tan demolida, resulta tentador contemplar, desde esta emblemática atalaya, la Tierra de Lara, el medieval alfoz de Lara, y evocar la grandeza que otrora tuvo la gente que habitó en la fortaleza que aquí existió.

 

Castillo de Lara: un poco de historia

 

Lo que ahora es un mero picón, el Picón de Lara, antaño fue un poderoso castillo medieval, en el que la leyenda (poema de Fernán González) sitúa el nacimiento de Fernán González, hijo de Gonzalo Fernández, entonces conde en Castilla, y de Muniadona, en torno al año 910. Sin embargo, carecemos de documentos rigurosos que nos informen del lugar exacto del nacimiento, así como de la infancia y juventud de este héroe castellano.

 

En realidad, la primera vez en la que figura el nombre de Fernán González como conde de Castilla, fue en un documento del monasterio de San Pedro de Cardeña, datado el 1 de mayo del 932: “Regnante Ranimiro in Obeto et comité Fredinando Gundissalbiz in Castella.”

 

Es muy posible que durante el siglo X, cuando Castilla fue gobernada por Fernán González y su linaje, como condes subordinados al reino de León, este castillo luciera esplendoroso.  

 

Posteriormente, cuando miembros de la poderosa familia de los Lara fueron dueños y gobernadores de esta fortaleza, se vivió una época de plenitud, sobre todo, con Pedro de Lara, que llegó a enfrentarse al rey Alfonso VII de León, con resultado funesto para el primero. Después, otro representante de esta casa condal, Manrique de Lara, quiso intervenir en la tutela de Alfonso VIII, joven rey castellano, con nefando resultado: Manrique de Lara falleció alanceado (1164) en su enfrentamiento con los Castros, otra poderosa familia de magnates castellanos.

 

Durante el siglo XIII, los condes de Lara no dejaron de sublevarse contra el monarca de turno, en este caso contra el joven Fernando III, que con la ayuda del concejo de Burgos logró apoderarse de la Peña de Lara y de sus belicosos dueños. Años después, Fernando III unificó definitivamente Castilla y León y conquistó Jaén, Córdoba y Sevilla.

 

Más tarde, en 1255, Alfonso X el Sabio, el hijo de Fernando III, cedió la fortaleza de Lara al concejo de Burgos, que fue nombrando sucesivos alcaides que la gobernaron con mayor o menor acierto durante los siglos siguientes.

 

Poco acierto y generosidad mostraron los alcaides pertenecientes a la familia burgalesa de los Cartagena, pues Pedro, Álvaro y Fernando de Cartagena, durante buena parte del siglo XV, llegaron a tiranizar al libre Concejo de Lara, tanto como para que en 1501 presentara ante la Chancillería de Valladolid una demanda contra Fernando de Lara y contra el concejo de Burgos, al que pertenecía el castillo.

 

Posteriormente, Carlos I donó el castillo de Lara al francés Jofre de Cotannes, lo que favoreció que Burgos se rebelara inicialmente contra el que, luego, fue emperador del Sacro Imperio Romano Germano. Aunque poco duró tal rebeldía, pues la Caput Castellae pasó de ser la más beligerante a la más fiel al poder real, recibiendo, desde entonces, el título de Muy Más Leal.

 

Siguiendo con nuestro castillo de Lara, diremos que el antiguo brillo del mismo se fue apagando inexorablemente, pues los alcaides dejaron de residir en él, descuidándolo, y, más tarde, sin presencia alguna que lo vigilara y mantuviera, fue harto complejo evitar el deterioro progresivo inherente a la hostilidad de las inclemencias meteorológicas, de forma que los tejados se desplomaron, los aposentos se hundieron, las llaves de las puertas desaparecieron y nadie impidió el acceso de personas, que lo expoliaron, y animales, que aumentaron el deterioro y ruina.

 

Así, cuando en febrero del 1517, el Alcalde Mayor de Burgos, Juan Zumel, visitó el castillo, comprobó “…que las barreras o tejados e suelos e la torre del Omenaje que estaba cayda a pedazos e lo demás que avía estaba todo para caer…”

 

Años más tarde, en 1566, el regidor de Burgos, Diego Martínez de Soria, el alcaide del castillo, Gabriel de Salcedo y el gran escultor y arquitecto Juan de Vallejo (responsable de la construcción del crucero de la Catedral de Burgos, entre otras obras) propusieron al cantero de Covarrubias, Diego de Sisniega, que acometiera el arreglo de tanto destrozo, especialmente un lienzo de muralla, orientado al mediodía, paño principal de la fortaleza, que estaba absolutamente derrumbado, más un portillo de la barbacana y la puerta de entrada a la misma.

 

Poco se hizo, dado que años más tarde, en 1572, el maestro Pedro de Castañeda, contratado por el concejo burgalés, constató que el destrozo persistía. Además, dejó constancia de un detalle interesante a efectos de conocer la grandeza que pudo alcanzar nuestro castillo: la presencia de seis torres perimetrales, en torno a la torre del homenaje, que, no obstante, mostraban sus ángulos en ruinas, su corona desguarnecida de almenas, la barbacana a punto de caerse por estar descalza la muralla.

 

Este maestro también comprobó la ruina interior: destrozo de las chimeneas en diferentes cámaras, hundimiento del cuarto del aljibe, caída de tejados, desplome de escaleras, desaparición de cerraduras y puertas que, al permitir el paso del ganado, aumentaba el deterioro.

 

Lamentablemente, la predicción de Castañeda se cumplió, pues a principios del siglo XVII, un testigo, en un interrogatorio, corroboró tal desastre: “quitadas las puertas y ventanas, caídas las maderas, imposible de habitar aposento alguno”.

 

Para el que quiera conocer más sobre la evolución y avatares de este castillo, le recomiendo que lea un estudio sobre el mismo, realizado por Teófilo López Mata, gran estudioso de la historia de Burgos y su provincia, cronista oficial de Burgos hasta su muerte (1972), publicado en 1928, en el Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Burgos. Este catedrático de Historia y Geografía manejó y analizó amplia documentación, mucha procedente del archivo municipal (serie histórica). Gran parte de lo referido en este punto se basa en lo descrito por él.

 

Después de narrar el triste final de lo que antaño fuera un poderoso castillo, reducido ahora a pura ruina, el Picón de Lara, me parece oportuno volver a la figura de Fernán González, con el que siempre se identifican estas ruinas, quizá para evocar su antiguo esplendor.

 

Vista aérea del Picón de Lara y de Lara de los Infantes. Cortesía Roberto Aguado. (10-06-2020)

 

Leyenda del conde fundador de la Castilla independiente

 

En el Poema de Fernán González, pleno de anacronismos y absolutamente alejado del rigor histórico, se plasma la idea de la independencia de Castilla frente a León por obra y gracia de Fernán González. 

 

Efectivamente, según el poema referido, la Castilla condal logró liberarse del yugo leonés por un hecho singular: el impago de la deuda contraída por la venta de un azor mudado y un caballo hispano-árabe, que perteneció a Almanzor, verdaderas joyas que Fernán González atesoraba, de las que se había prendado el monarca leonés.

 

Inicialmente, el conde, mostrando elegancia y generosidad para con su rey, prefirió regalar y no vender animales tan valiosos. Sin embargo, el soberano, en un alarde de gallardía, decidió adquirirlos en venta, mas con una condición: cada día que sobrepasara el plazo fijado para pagar los 1000 marcos ofrecidos, se duplicaría el importe (al gallarín doblado).

 

Tal acuerdo fue legalizado y refrendado por testigos en documento escrito.

 

Sin embargo, cuando se llegó a la fecha señalada, la deuda no se satisfizo, por lo que se fue acumulando hasta llegar a los tres años de impago, momento en que resultó imposible costear tan soberano importe: ni con la riqueza de Francia sería pagada, reza el poema.

 

En consecuencia, el leonés se vio en la tesitura de sufragar la deuda desprendiéndose del joven condado castellano. De esta suerte, los leoneses regresaron a su reino y los castellanos empezaron a forjar el suyo.

 

Este es un buen momento para referir que, durante el medievo, el marco fue una medida de peso utilizada para el oro y la plata, equivalente a unas 8 onzas, o sea, 226,8 gramos de oro, en caso de ser éste el metal al que se referían los clérigos que escribieron el poema de Fernán González.

 

¡Cáspita!, el leonés fue extremadamente generoso, pues estaba dispuesto a pagar 226, 8 kg de oro (o de plata) por el caballo y el azor, deuda que, como no pudo satisfacerse en la fecha señalada, fue duplicándose diariamente durante 3 años (1095 días), alcanzando un precio desorbitado, por lo que no me extraña que ni siquiera pudiera costearse con el valor del reino de Francia, por ello, no parecía descabellado compensarla con la entrega de territorio tan fronterizo y vulnerable al poderío califal.

 

Fernán González: la historia frente a la leyenda

 

Según Gonzalo Martínez Diez, especialista en Historia del Derecho y gran medievalista, el prolongado tiempo durante el que Fernán González gobernó en Castilla y Álava (del 932 al 970), puede dividirse en dos periodos diferenciados: los primeros veinte años (932 al 951), sometido a la autoridad del rey Ramiro II de León, monarca de gran personalidad, que no tuvo ningún reparo en apresar a nuestro conde castellano, al igual que al conde de Saldaña-Carrión, cuando tuvo indicios de que estaban maquinando algún plan contra él; los segundos veinte años (951-970), con disputas dinásticas por el trono leonés, permitieron algunas acciones un tanto autónomas (por ejemplo, en el 963 pactó una tregua con Alhakén II, después de que este califa cordobés arrasara San Esteban de Gormaz), además de convertirse en verdadero árbitro de la política leonesa, tras acceder al trono leonés, en pocos años, tres reyes, dos de los cuales se casaron con su hija doña Urraca: Ordoño III y Ordoño IV.

 

Sin embargo, el condado de Castilla, bajo el gobierno de Fernán González, no se desgajó del reino de León (en contra de lo referido en el Poema de Fernán González), a pesar de su parentesco político con reyes navarros, dado que, primero se casó con la infanta Sancha Sánchez, hermana del rey García Sánchez I de Pamplona y, más tarde, al morir Sancha, con Urraca Garcés, hija del rey navarro y sobrina de su primera esposa.  

 

Por ello, durante los 40 años de su condado, todos los diplomas emitidos en cualquier parte de su territorio no dejaron de calendarse por el correspondiente rey de León, con fórmulas como la que sigue: “Reinando el rey Ramiro de León y bajo su autoridad Fernán González, conde en Castilla”.

 

¿Qué fundamentó la leyenda?

 

Entonces, es fácil que nos preguntemos qué elementos de la obra política de Fernán González propiciaron el nacimiento y la propagación del mito, de la leyenda divulgada por juglares y, especialmente por los clérigos del monasterio de San Pedro de Arlanza, donde parece que se escribió el Poema de Fernán González, hacia 1250.

 

Pues según Gonzalo Martínez Díez, las cuatro décadas de gobierno de todas las tierras castellanas, desde el Cantábrico hasta más allá del Duero, contribuyó a crear cierta autosuficiencia de los castellanos, que se vieron con fuerzas para repeler las frecuentes acometidas musulmanas (sobre todo, de Abderramán III y de Alhakén II, califas cordobeses), lo que probablemente suscitó y reforzó cierto sentimiento identitario castellano.

 

Quizá este aumento del poder militar en manos de Fernán González pudo facilitar que la voz de la naciente Castilla tuviera más peso en los conflictos dinásticos y política interior del reino leonés, despertando cierto orgullo castellano, como apunta nuestro insigne medievalista. En este sentido, es preciso recordar que las huestes castellanas de Fernán González, participaron, bajo el mando de Ramiro II, en la derrota de Abderramán III en la batalla de Simancas (939). Además, al año siguiente, el 940, nuestro conde conquistó Riaza, Fresno y Sepúlveda, a la que repobló y concedió el Fuero de Sepúlveda.

 

Aunque lo que probablemente contribuyera a encumbrar más a este personaje y diera pie al mito y a la leyenda, fue que, a partir de su nombramiento, el condado de Castilla adquirió un carácter hereditario, dado que fue gobernado por miembros de su familia (Garci Fernández, su hijo, fue conde del 970 al 995; Sancho García, su nieto, conde castellano del 995 hasta el 1017…), pero bajo la autoridad del rey de León, al menos hasta que su biznieta, Muniadona, se casó con Sancho Garcés III de Pamplona, que ejerció de conde consorte.

 

Llegado a este punto es bueno referir que Castilla no se constituyó como reino independiente hasta el siglo XI:   Sancho II, fue el primer rey de Castilla, desde el 1065 hasta el 1072, en que murió en el cerco de Zamora, siendo sustituido por su hermano Alfonso VI, a la sazón rey de León (Castilla y Galicia).

 

Aunque cuando realmente se consolidó el reino de Castilla fue con Alfonso VIII, el triunfador en las Navas de Tolosa (1212), que sucedió, siendo un niño, en 1157, a su padre Sancho III (murió al año de reinar en Castilla).

 

Bueno, habrá que seguir con nuestra ruta, pues aún nos queda hablar de Nova Augusta, municipio romano, gran centro epigráfico, en el que se asienta la actual Lara de los Infantes, y de visitar Cubillo del César, a fin de mostrar un resto epigráfico de aquélla, reubicado en la fachada meridional de su meritoria iglesia parroquial, que también describiremos. 

 

Lara de los Infantes

 

Actualmente este pueblo, que dio lustre al medieval Alfoz de Lara, es la sede del ayuntamiento de Jurisdicción de Lara, al que también pertenecen Paúles de Lara, La Aceña y Vega de Lara, en los que tanto se ha cebado la despoblación como para que entre los cuatro apenas sobrepasen los 50 habitantes.

 

Lara de los Infantes:  Iglesia de Nuestra Señora de la Natividad

 

En Lara destaca, además de las ruinas del castillo citado, la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Natividad, que todavía conserva relevantes restos románicos, como la galería porticada cegada, en su fachada meridional, el ábside, el primer cuerpo de la torre y su portada principal, en su fachada occidental, que aunque tiene arquivoltas apuntadas, muestra capiteles de factura románica.

 

Iglesia de Nuestra Señora de la Natividad: fachada occidental, con la portada principal; parte de la fachada meridional y visión parcial de la torre. Lara de los Infantes.

 

Lara de los Infantes: restos románicos (galería porticada cegada) de Nuestra Señora de la Natividad, su iglesia parroquial

 

También son muy reseñables el gran número de vestigios romanos, inscripciones votivas, estelas funerarias, restos de habitación, una fuente, entre otros, que pertenecieron a Nova Augusta, que a continuación describiremos.

 

Fuente romana de Lara de los Infantes

 

La fuente romana fue descrita en otro artículo de este blog (el 4 de abril del 2017), en el que la comparamos con la fuente de Villamorón, pueblo en el que se asienta un extraordinario templo, de los albores del gótico: la Iglesia de Santiago Apóstol.

 

Nova Augusta  

 

La actual Lara de los Infantes se asienta en una parte del solar donde, hace dos milenios, se estableció Nova Augusta, incluida en la Tarraconensis, fundada por el primer emperador romano, Augusto (siglo I antes de Jesucristo), inicialmente como una agrupación tributaria (civitas estipendaria), el tipo más bajo y común de comunidad humana bajo el dominio romano, probablemente constituida por los celtíberos de Peñalara  que, tras la conclusión de las guerras astur-cántabras, se vieron obligados a bajar al llano.     

 

Tiempo más tarde, en época Flavia, merced al edicto de latinidad de Vespasiano (ius latii), que otorgaba el derecho a la ciudadanía latina a las provincias hispanas del imperio romano, alcanzó el rango de municipio, que se mantuvo habitado incluso bajo el dominio visigodo, aunque no del musulmán, cuando fue arrasado.

 

Panorámica desde el Picón de Lara: en primer término, mirando al este, Lara de los Infantes, asentada sobre Nova Augusta, municipio romano hace dos milenios.

 

Restos romanos en Lara de Los Infantes, con una inscripción labrada en letra capital cuadrada

 

Notable centro epigráfico

 

Son varios los investigadores que en los últimos 50 años han estudiado los sucesivos restos epigráficos, inscripciones votivas y estelas funerarias (como unas 250 ) hallados en Lara de los Infantes y su entorno (Hortigüela, Quintanilla de las Viñas, Cubillo del César, Contreras, Covarrubias, Salas de los Infantes, Contreras y Barbadillo del Mercado, entre otros).

 

Entre todos ellos, es preciso destacar a José Antonio Abásolo, muy activo durante los años setenta y ochenta del siglo pasado, autor de publicaciones de relieve como una compilación de “Epigrafía romana en la región de Lara de los Infantes”, donde mostró y describió 221 inscripciones (1974), y ,  junto a García Rozas (1980),  de “Una carta arqueológica en la provincia de Burgos. Partido judicial de Salas de los Infantes”, así como de varios estudios sobre iconografía de las piezas halladas, campo también explorado por otros autores (Marco Simón, Albertos, Abascal, Carcedo de Andrés, entre otros). Otros, como Albertos, estudiaron profundamente la onomástica (catalogación de nombres propios).

 

Restos epigráficos en Lara de los Infantes, bajo tambores de fustes columnares, pertenecientes a Nova Augusta

 

Museo de Burgos. Estela de Nova Augusta. Escena de un banquete.

 

Un meritorio trabajo de Abásolo consistió en el estudio exhaustivo de “Las estelas decoradas de la región de Lara de los Infantes”, publicado en 1977, que permitió clarificar su técnica, procedimientos figurativos, tipología, elementos decorativos, y analizar los talleres que hicieron escuela en Nova Augusta desde el primer tercio del siglo I hasta la mitad del siglo II.

 

La  época de máximo esplendor fue la desarrollada durante los años 130 a 200 después de Jesucristo, que Abásolo denomina escuela noble de Lara (definida por la talla a bisel de las cenefas),  en la que destacan escenas de banquetes, así como el tercer grupo de la escuela de temas cinegéticos, cuando se manifiesta netamente la originalidad creadora de los artesanos de este municipio romano (no hace mucho, identificado  como Nova Augusta). Después de esa época de apogeo, la originalidad se mitiga, con producciones más decadentes.

 

Estela funeraria de Nova Augusta: roseta hexapétala y escena de un banquete. Museo de Burgos

 

Según Abásolo, la originalidad observada en las estelas funerarias de Lara y su entorno se debe a una combinación de elementos geométricos con figurativos, donde se hibridan asuntos y creencias romanas con las celtíberas, con una particular forma de expresar representaciones astrales, como discos solares, rosetas figurando el sol, creciente lunar, estrellas, discos o astros menores, brazos de Atlante, entre otras, que, además, van evolucionando a lo largo del tiempo para constituir verdaderas escuelas artísticas.

 

Estela funeraria de Nova Augusta con roseta o rosácea. Museo de Burgos.

 

Las frecuentes representaciones de jinetes también están vinculadas a la tradición celtíbera, no así las de banquetes, más propias de la cultura clásica, romana.

 

Inscripción romana en Cubillo del César, entorno de Nova Augusta

 

Hace poco he tenido la fortuna de leer una excelente publicación sobre este tema, llevada a efecto por Bruno P. Carcedo de Andrés, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Burgos(UBU): “Nova Augusta (Lara de los Infantes, Burgos): una nueva inscripción con mención a la edilidad y reflexiones sobre las magistraturas”, que ha servido para aumentar sensiblemente mi conocimiento al respecto, así como para suscitar mi interés por conocer el sitio del hallazgo.

 

A unos 10 kilómetros de Lara de los Infantes se halla Cubillo del César, el pueblo en el que se halla la inscripción romana citada, adherida a la rehecha fachada meridional de su iglesia parroquial, estudiada y analizada por Carcedo, que revela cómo Pompeius y Proculus, dedican una inscripción funeraria a su sobrino, un edil fallecido a los 26 años.

 

 Inscripción procedente de Nova Augusta, descubierta durante unas obras en Cubillo del Cesar, actualmente formando parte de su restaurada fachada. Notable interpretación y análisis por Bruno P. Carcedo de Andrés.

 

Esta inscripción está cincelada en letras mayúsculas con líneas rectas y formas angulares, esto es, en letra capital monumental o cuadrada.

 

Magistraturas del municipio Flavio de Nova Augusta

 

Bruno Carcedo destaca, en la publicación mencionada, que en el entorno de Lara de los Infantes se ha descubierto un impresionante conjunto de referencias a magistraturas municipales (desde el siglo I hasta el siglo III), entre las que sobresalen dos duumviri, dos aediles (contando el de Cubillo del César), un decurio, un probable decenviro. Además, la presencia de un posible Tabularius en su entorno (Barbadillo del Pez), revelaría un archivo municipal y una intensa actividad administrativa.

 

Tanto acúmulo de magistraturas parece más propio de un enclave romano de más enjundia, como podría ser la capital de un convento jurídico, dado que llega a superar a las descubiertas en Clunia, la verdadera capital de este último. Por todo ello, Carcedo de Andrés aboga por la realización de más estudios arqueológicos en tal área, con objeto de aportar ciertas claves que permitan un mejor conocimiento del proceso de romanización en la Meseta Septentrional, entre otros aspectos, como “el encaje de los arevaci en el cuadro romano, la organización y transformaciones in situ y ex novo que Roma acometería en el conventus cluniacensis.”

 

Quiero destacar que Bruno Carcedo es autor de un conjunto de publicaciones sobre este tema, de gran mérito y rigor científico, como “Nuevas estelas romanas en Lara de los Infantes” donde presenta y analiza, junto a Gerardo Martínez Díez, 19 testimonios epigráficos hallados en las fachadas de varios edificios de esta localidad, incluyendo la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Natividad, con diversas estelas discoideas, usualmente rosáceas hexapétalas, jinetes, referencias a antropónimos del entorno, como Ambatus.

 

Este investigador también es el autor de un libro sobre la antroponimia de Clunia (Onomasticon Burgensis), donde muestra su profundo conocimiento al respecto.

 

La ruta de las estelas

 

La Asociación Tierra de Lara, en su continuo afán por promocionar la comarca, ha impulsado, en colaboración con la Universidad de Burgos (UBU), una aplicación, “La ruta de las estelas” (play store) que invita a pasear por Lara de los Infantes, con objeto de localizar los restos epigráficos romanos (algunos fragmentos anepigráficos), insertados en las fachadas de diversos edificios de esta localidad, los mismos que, tres años antes, describió y analizó Bruno Carcedo en la publicación citada anteriormente.

 

Ruta de las estelas: Resto de una estela funeraria de Nova Augusta reutilizada en la fachada de una casa de Lara de los Infantes.

 

En realidad, esta singular aplicación es el resultado de los Trabajos de Fin de Grado (TFG) de dos alumnos de la UBU: uno, Inés Miguel Alonso, de Comunicación Audiovisual, responsable de los contenidos audiovisuales, incluidas la documentación fotográfica y la animación 3D, con el que ha colaborado Bruno Carcedo, aportando su extraordinario conocimiento sobre la epigrafía y documentación histórica de la zona, como antes referimos; el otro, Marcos Peña, de Ingeniería Informática, que ha efectuado la programación de la aplicación, tutorizado por el profesor Andrés Bustillo.

 

Ruta de las estelas (Nova Augusta/Lara de los infantes): roseta hexapétala en la pared de una casa de Lara de los Infantes.

 

Esta aplicación en play store, forma parte de la iniciativa “Abierto 24 horas”, merced a la cual la Asociación Tierra de Lara se vale de las nuevas tecnologías para promocionar una parte del rico patrimonio cultural, histórico-artístico, distribuido por esta querida comarca, que lamentablemente forma parte de la España Vaciada. “Se trata de poner en valor, de una manera amena y familiar, el conjunto de estelas funerarias con que cuenta el municipio”, refería Borja Rosales, portavoz de Tierra de Lara, al periodista del Diario de Burgos que, en su momento, lo entrevistó (publicado el 25 de julio del 2020).

 

Ruta de las estelas: Figuras de dos jinetes, situados en distintos planos: el de la derecha, según nuestra perspectiva, casi completo (menos los cuartos traseros del caballo) porta un escudo rectangular (brazo izquierdo) y blande una espada o lanza (mano derecha) ; el de la izquierda muestra el vientre del caballo y los cuartos traseros.

 

En las siguientes líneas voy a intentar describir y narrar lo que aprecié con mi hija Isabel, cuando llegamos a Cubillo del César, en pos de la inscripción referida por Bruno Carcedo.

 

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Cubillo del César

 

Al poco de entrar en la localidad, a principios de marzo de este año, semanas antes de declararse el estado de alarma en nuestro país por la epidemia COVID-19 (causada por el SARS CoV-2), nuestro ánimo pareció encogerse ante el amenazador ladrido de varios perros, pronto calmados por su dueño, el cual tuvo el detalle de presentarnos a la alcaldesa del pueblo, Carmen, dueña de Roblejimeno, casa rural del municipio, que junto a Paz, otra vecina, nos mostraron la inscripción romana referida y la joya de la localidad: la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

 

Cubillo del César: Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

 

Recuerdo que mientras efectuaba fotos a la inscripción romana, Paz nos dijo que fue su padre, el señor Gerardo, quien descubrió la misma, enterrada próxima a la iglesia, en el curso de un arreglo de la calle (1995). Posteriormente, la reutilizaron para fijarla en la nueva fachada que hicieron para cerrar el pórtico de la iglesia, sostenido por columnas de madera de decoración salomónica.

 

Describamos, pues, las características artísticas fundamentales de esta iglesia parroquial.

 

Cubillo del César: Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

 

Se trata de un templo románico tardío (siglo XIII), de nave única y dos cuerpos, cubiertos por bóveda de crucería, con un ábside poligonal (en su interior), también provisto de bóveda de crucería, en uno de cuyos nervios aparece una pintura, representando una serpiente de ojo rasgado, boca abierta, amenazante, mostrando puntiagudos colmillos, más largos los superiores, supuestamente donde esconde el veneno, de cuya cabeza, inmediatamente por encima del ojo, surgen dos cuernos, que le otorgan un cierto carácter demoníaco. Esta imagen se pintó, obviamente, siglos más tarde.

 

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de cubillo del César: pintura de una serpiente con cuernos, en una de las nervaduras de la bóveda de crucería del ábside

 

El arco triunfal, doblado (separa el presbiterio de la nave), se apoya en sendas columnas de fuste liso, sobre capiteles de motivos vegetales, adosadas a pilares.

 

Clave de la bóveda del ábside de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Cubillo del César: un florón bajo un rostro de adusto gesto

 

Los dos nervios principales (diagonales) y los dos internos, que limitan el vano principal, convergen en una clave en forma de florón, bajo un rostro de adusto gesto. En tanto que apoyan su peso sobre columnas de fustes lisos y capiteles vegetales (aves enfrentadas en uno). Mientras que los arcos ciegos del presbiterio descansan sobre ménsulas ornamentadas  (rostros de gestos plácidos y bondadosos frente a facies de mal cariz).

 

Ménsula de apoyo de un arco lateral derecho del presbiterio de la iglesia parroquial de Cubillo del César.

 

Pila bautismal románica

 

Pila bautismal románica de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Cubillo del César

 

También es reseñable una excelente pila bautismal románica (102 cm de altura y 115 de diámetro), de forma troncocónica, decorada por una cenefa de zarcillos y frutos, por debajo de los cuales se aprecian una serie de arcos ciegos, de medio punto, que albergan variados motivos escultóricos: flor de lis, cruz paté, roseta hexapétala, obelisco y estrella de David.

 

Entre los arcos, en las enjutas, se aprecian motivos vegetales, un tanto estilizados. El pie está adornado con una especie de sogueado.

 

Dado que acabo de mencionar a la rosa hexapétala como un elemento decorativo de esta pila bautismal, intentaré explicar, en las siguientes líneas, su posible significado.

 

Roseta hexapétala

 

La roseta hexapétala es de raigambre celtibérica (cultura indoeuropea), muy utilizada, posteriormente, por los romanos, como bien puede verse en muchas de las estelas funerarias de Nova Augusta, y que, luego, emplearon con profusión los visigodos, verbigracia, en bastantes de las inscripciones del testero de la vecina ermita visigótica de Quintanilla de las Viñas.

 

En el exterior del ábside rectangular de la ermita visigótica de Quintanilla de las Viñas se utilizó repetidamente la representación de la roseta hexapétala

 

Más tarde, siguió utilizándose en el arte prerrománico, así como en el románico.

 

Parece que simboliza al sol, a la inmortalidad y eternidad, por lo que se ha empleado prolíficamente en escenas funerarias, como símbolo de reencarnación. Aunque también es símbolo de fe, aludiendo a la luz eterna de un Ser Supremo: Júpiter, para los romanos; Dios y Jesucristo para el cristianismo.  Otras veces, las rosas o rosáceas hexapétalas se han esgrimido como símbolos benefactores, de protección contra fuerzas malignas.

 

Así conceptuada, podríamos considerar que el centro de la rosa representaría el origen, el centro cósmico, en tanto que el disco circundante revelaría cambio, movimiento constante o cíclico, verdadera renovación.

 

Pila bautismal románica de Cubillo del César: roseta hexapétala cincelada a bisel

 

Ahora ya estamos en condiciones de seguir describiendo la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

 

Portada

 

En esta fachada meridional se sitúa la portada, constituida por cuatro arquivoltas de lisas dovelas, apuntadas, rematadas por chambrana abocelada, y apoyadas alternativamente sobre pilares y columnas de fustes lisos con capiteles vegetales (flor pentapétala), en las dos del lado derecho y en la más interna de la izquierda, dado que en el capitel más externo del lado izquierdo se aprecian rosetas hexapétalas.

 

Portada de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Cubillo del César

 

En la transición entre las arquivoltas (que apoyan) y los pilares y columnas (que sostienen) aparece una línea de imposta de nacela.

 

Sobre la puerta se observa un pequeño alero sobre modillones lisos, geométricos (nacela).

 

Cruz paté

 

También es destacable la presencia de una cruz paté o patada en la parte superior del pilar más interno del lado derecho, bajo la imposta. Es una cruz en la que sus brazos parecen estrecharse al llegar al centro, en tanto que se ensanchan en sus extremos. Tiene un cierto parecido con la que puede verse en la pila bautismal, aunque peor definida.

 

La cruz patada fue utilizada, por primera vez, por los caballeros de la Orden del Temple, merced a concesión del papa Eugenio III (24 de abril de 1147). Era de color rojo (la sangre de la vida, la vertida por Cristo), sobresaliendo en el manto de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón, sobre su hombro izquierdo, encima del corazón.

 

Posteriormente fue emblema de los caballeros teutónicos (cruz paté negra sobre fondo blanco), más tarde, esgrimida por Prusia y el imperio alemán (1871 a 1918), que aún pervive en el ejército alemán.

 

Ábside de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Cubillo del César

 

Ábside

 

Mientras rodeábamos exteriormente la iglesia apreciamos su ábside semicircular, con tres contrafuertes achaflanados, que limitan sus cuerpos, destacando, en el central, un modillón bajo el alero, que muestra un rostro con gesto contrito, de cuya cabeza sobresalen dos cuernos, por debajo del cual aparece una ventana de arco apuntado.

 

Cubillo del César: Canecillo en el alero del ábside de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

 

Al acercarnos a los sillares, pudimos observar numerosas marcas de cantero, en forma de flecha acabada en punta, bien labrada.

 

No deseo pasar por alto que Cubillo del César también posee un aula etnográfica, una hornera (de unos 200 años de antigüedad), un lavadero público y una fuente románica. Tales valores patrimoniales son concordantes con la generosidad y bonhomía de sus escasos habitantes, representados por Carmen y Paz, a las que mucho agradecemos los entrañables momentos que pasamos en su compañía.

 

Después de visitar y apreciar con cierto detalle este templo religioso, creo que las iglesias de San Martín, del vecino Cubillejo de Lara, y  la de La Natividad, de Lara de los Infantes, bien podrían constituir el contenido principal de un nuevo artículo de este blog.

 

Ahora, después de este paréntesis, regresemos a Lara de los Infantes, para seguir nuestra ruta, para lo cual deberemos recorrer los tres kilómetros y medio que distan hasta la ermita visigótica de Quintanilla de las Viñas, a fin de disfrutar contemplando y describiendo una excepcional obra de arte. Sin embargo, esto lo dejaremos para un venidero artículo.

 

La ermita visigótica de Quintanilla de las Viñas, a los pies de Peñalara

 

Apuntes finales

 

En este artículo y en el precedente hemos visto sobresalientes obras de arte, en un trayecto inferior a 10 kilómetros: icnitas de dinosaurios de 144 millones de años; el dolmen de Cubillejo de Lara, pueblo dotado de una notable iglesia, la de San Martín; los restos del castro celtibérico de Peñalara, algunos expuestos en el museo arqueológico de Burgos; las ruinas del poderoso castillo de Lara, ahora un mero Picón; los vestigios romanos de Nova Augusta, sobre la que se asienta la actual Lara de los Infantes y, a modo de injerto, una inscripción romana dedicada por Pompeius y Proculus a su sobrino, un aedil de 26 años, asentada en la fachada de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Cubillo del César, cuyo interior bien merece una visita.

 

En fin, la conservación y promoción de nuestro patrimonio cultural, natural y artístico, se antoja crucial no sólo porque su simple contemplación pueda contribuir a enriquecer nuestra salud, sino porque, bien gestionado, constituye una fuente de riqueza material, que podría servir para que la gente que habita las tierras en las que se asienta, muchas del medio rural, no huya al medio urbano, contribuyendo, así, a reducir la despoblación que asola el agro

                                                                                

Dr. Félix Martín

 

BIBLIOGRAFÍA

:

1) Teófilo López Mata. El castillo de Lara. Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Burgos. 2º trim. 1928, año 7, n. 23, pag. 296-302

 

2) Gonzalo Martínez Díez. El Condado de Castilla (711-1038): la historia frente a la leyenda. Tomo I. Marcial Pons. 2005. ISBN 9788495379948.

 

3) ERLara = ABÁSOLO, José Antonio: Epigrafía Romana de la región de Lara de los Infantes, Burgos, Diputación Provincial de Burgos, 1974.

 

4) ABÁSOLO, José Antonio, GARCÍA ROZAS; Rosario: Carta Arqueológica de la Provincia de Burgos. Partido Judicial de Salas de los Infantes, Burgos, Diputación Provincial de Burgos, 1980.

 

5) Albertos Mª L. 1979): “La onomástica de la Celtiberia”. Actas del II Coloquio sobre Lenguas y Culturas Prerromanas de la Península Ibérica. Tübingen, 1976, Salamanca, 131-179. Alfayé, S

 

6) José Antonio Abásolo. 1977. Las estelas decoradas de la región de Lara de los Infantes. Dialnet. unirioja.es.

 

7) Bruno P. Carcedo de Andrés . Universidad de Burgos. "Nova Augusta" (Lara de los Infantes, Burgos): una nueva inscripción con mención a la edilidad y reflexiones sobre las magistraturas . Gerion. Revista de Historia Antigua. Vol. 36 Núm. 1.  229-246. Marzo, 20 18. Ediciones Complutense. https://doi.org/10.5209/GERI.60301.

 

8) Nuevas estelas romanas en Lara de los Infantes (Burgos). Bruno Pedro Carcedo de Andrés, Gerardo Martínez Díez. Recibido: 30/07/2017 · Aceptado: 13/11/2017DOI: http://dx.doi.org/10.5944/etfii.30.2017.19353. UNED. Facultad de Geografía e Historia. Serie II. Historia Antigua. Número 30. 2017.

 

9) Carcedo de Andrés, Bruno Pedro. Onomasticon Burgensis. La antroponimia de Clunia. Universidad de Burgos. 2011.

 

 

Comentarios

José María Ferrer González. jmferrerg@telefonica.net 25/09/2020 17:46 #11
Interesante artículo. Solo una precisión; las inscripciones atribuidas a obra romana que aparecen insertas en las paredes de una de las casas del pueblo, corresponden a lo que fue su picota o rollo jurisdiccional. Así lo atestigua la inscripción que en su totalidad expresa: VENITE FLAGITIOSI ET EGO RETRIBUAM VOBIS, algo así como "venid criminales que yo os trataré conforme a vuestros merecimientos". Idéntica inscripción figura en la picota de la localidad cercana de Covarrubias. También se pueden observar otros detalles coincidentes con Covarrubias, como la cortinilla plegada, así como restos de su fuste circular.
José María Ferrer González 25/09/2020 17:16 #10
Los restos añadidos a las paredes de una casa rústica de la localidad, son los restos de la antigua picota. Si nos fijamos en el ejemplar de Covarrubias, puede comprobarse la semejanza. La inscripción latina corresponde a un curioso mensaje que, traducido, quiere decir que en la picota 'se os tratará conforme a vuestros merecimientos'.
Juan María Castro rodríguez 02/09/2020 12:40 #9
Gran artículo. Mientras lo leía me transportaba a esos parajes naturales, históricos y artísticos que tan bien has descrito. Exhibes gran capacidad docente y pedagógica, además de abundar en el rigor científico. Muchas gracias por promocionar nuestro patrimonio cultural.
Juan María Castro rodríguez 02/09/2020 12:40 #8
Gran artículo. Mientras lo leía me transportaba a esos parajes naturales, históricos y artísticos que tan bien has descrito. Exhibes gran capacidad docente y pedagógica, además de abundar en el rigor científico. Muchas gracias por promocionar nuestro patrimonio cultural.
_Inmaculada Hernández 13/08/2020 12:10 #7
Félix que trabajo más bonito e interesante. Nos has permitido disfrutar del patrimonio cultural, de la riqueza histórico-artística de la Tierra de Lara. Con tus espléndidas fotografías nos has acercado a los vestigios de su castillo, al tiempo que nos introducías en los avatares por los que atravesó, hemos podido contemplar y entender el significado de las inscripciones de las rosetas hexapétalas de las lápidas funerarias, hemos cabalgado junto a Fernán González por tieras de Castilla, nos has abierto las puertas de templos representativos del arte visigótico y románico. Digna de admiración es la labor que lleva a cabo la Asociación Tierra de Lara por conservar y difundir su riqueza patrimonial. Apoyamos tu iniciativa de fijar población en esta bella y rica tierra.
Pedro Artola 13/08/2020 09:39 #6
¡Qué maravilla de lugar y que bien descrito está!. Hasta el más mínimo detalle 'el ombligo de Venus' . Eso dice mucho de, cómo cada uno es y cómo le gusta trabajar. Impresionante patrimonio histórico y artístico el que tenemos, pues con apenas 10 kms. dan para dos estudios importantes. Ojalá que sepamos cuidarlo y promocionarlo. Estos artículos son una buena ayuda para poder hacerlo. GRACIAS Félix.
JESUS MARIA MARTINEZ SAIZ 10/08/2020 13:26 #5
Enhorabuena por el artículo. Estimado Felix, me has aclarado muchas incógnitas que tenía sobre estas iglesias y sobre el antiguo castillo de Fernan Gonzalez. He pasado buenos momentos paseando por estas tierras y preguntándome sobre sus orígenes. Con tu artículo he aprendido mucho.
Asun Saiz y Joaquín 08/08/2020 17:53 #2
Sólo de leer el artículo dan ganas de ir a ver ese rincón de la tierra Charra. Gracias por tus sabias aportaciones.
Eduardo López Lara 08/08/2020 13:14 #1
Para los amantes de esta tierra y del patrimonio que luce es una gran suerte contar con personas que, con rigor, pedagogía, no exenta de pasión y buenas ilustraciones, nos reivindique y promocione sus grandes valores. Al menos la gente que quiera visitarla podrá hacerlo con cierto conocimiento y con respeto, el que continuamente se transmite desde este blog de feliz nombre y del periódico que lo acoge, Tribuna digital. Enhorabuena y muchas gracias, doctor Martín.

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