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Feliz con poco

Félix Martín Santos
@FMSFelizconpoco

Camino de San Olav: De Mambrillas de Lara a las tenadas del Cerro (Covarrubias)

El Camino de San Olav español atraviesa una tierra enriquecida por la historia y adornada por la leyenda, el antiguo alfoz de Lara, donde se hallan dólmenes neolíticos junto a castros celtibéricos, villas romanas, templos visigóticos, iglesias románicas y góticas, en torno a las ruinas del castillo que vio nacer a Fernán González, el conde forjador de la Castilla medieval, y de los parajes donde se desarrolló la leyenda de los Siete Infantes de Lara.

De forma que tanto Olaf II, el rey que introdujo el cristianismo en Noruega, como su devota compatriota, la princesa Cristina, tienen motivos para estar orgullosos: el primero, porque se le ha honrado recientemente con la habilitación de un camino de peregrinaje de sesenta kilómetros, los que distan desde la plaza del Rey San Fernando, junto a la Catedral de Burgos, hasta un paraje de Covarrubias, el Valle de los Lobos, donde se encuentra una ermita bajo su advocación; la segunda, porque, por fin, casi ocho siglos más tarde, se hizo realidad la promesa incumplida por su marido, el infante don Felipe, la construcción de un templo religioso en memoria del santo patrón de su país, el citado San Olav.

 

En dos artículos consecutivos describiremos los últimos ocho kilómetros y medio de esta ruta, los que discurren entre Mambrillas de Lara y la ermita de San Olav: en el primero, el que se muestra en este contenido, nos centraremos en los valores históricos y naturales de Mambrillas de Lara, como preámbulo a la descripción de las particularidades del trayecto existente entre este pueblo y las tenadas del Cerro de Covarrubias; en el segundo artículo, el del próximo mes, relataremos la ruta entre las citadas tenadas y el Valle de los Lobos, donde nos volcaremos en la descripción, análisis y valoración  de la original  y sorprendente ermita de San Olav.

 

En el presente artículo, tendremos la oportunidad de recorrer en un trayecto de dos kilómetros la sorprendente dehesa de Mambrillas de Lara, que alberga uno de los más notables bosques de quejigos del mundo (exclusivos de la península ibérica y del norte de África), en la que también proliferan melojos, mostajos, arces, avellanos, fresnos y  hayas. Después, pasaremos al sector meridional de las Mamblas para adentrarnos en los dominios de la encina y, sobre todo, de la sabina, pues el Camino de San Olav atraviesa una parte del Parque Natural de los Sabinares del Arlanza, uno de los sabinares más extensos y mejor conservados del planeta.

 

Aunque antes de describir esta singular ruta, explicaremos más extensamente por qué una ruta radicada en Noruega tiene un parangón en tierras españolas.

 

¿Cómo y por qué surgió el Camino de San Olav en España?

 

Todo empezó con el descubrimiento en 1958 del cadáver momificado de la princesa Cristina de Noruega (hija del rey Haakon Haakonsson), dentro de un sarcófago de la Colegiata de San Cosme y San Damián, en Covarrubias, donde le dio cristiana sepultura, en 1262, su marido, el infante don Felipe de Castilla, hermano del rey Alfonso X. Veinte años más tarde, en abril de 1978, se le rindió un homenaje en la colegiata de Covarrubias, al que asistieron diversas personalidades noruegas y la banda municipal de la ciudad natal de la princesa, Tonsberg. Más tarde, los contactos entre el gobierno noruego y la villa de Covarrubias, fructificaron con la creación de  la Fundación Princesa Kristina de Noruega, la cual contribuyó decisivamente, junto al ayuntamiento de Covarrubias, para que se cumpliera la promesa del infante don Felipe a su esposa: la construcción de una ermita a San Olav en Covarrubias, como mencionamos anteriormente.

 

Efectivamente, al cabo de unos 750 años, por fin, pudo inaugurarse una ermita dedicada a este santo noruego, el 17 de septiembre del 2011,  en un paraje del término municipal de Covarrubias.

 

A continuación, la Asociación para el Desarrollo de la Tierra de Lara tuvo la feliz idea de crear el Camino de San Olav, con objeto de contribuir a la difusión de la ermita de este belicoso santo. Como también dijimos antes, se trata de una ruta de 60 kilómetros que se inicia en la plaza del rey San Fernando, enfrente del templo catedralicio burgalés, y discurre por numerosos pueblos y parajes del legendario Alfoz de Lara, para concluir en la ermita mencionada.

 

                    Símbolo del Camino de San Olav

 

Emblema del Camino de San Olav

 

Este emblema está constituido por una cruz roja o de gules con los cuatro lados de igual longitud, rematados en tres puntas como  triángulos de cóncavos lados, englobada por símbolos del infinito enlazados, que nos hablan de la lealtad, de la familia y de la eternidad.

 

Estamos describiendo el emblema de un ancestral camino de peregrinaje, el que discurre entre Oslo y Tronhdheim en memoria de Olaf II de Noruega u Olaf Haraldson, que  murió poco después de cristianizar Noruega (6 años más tarde), en 1030, en el curso de la batalla de Stiklestad, por sufrir tres heridas en diversas partes de su anatomía, con armas también diferentes:  en su hombro, el tajo de una espada; en su rodilla, un hachazo; en su pecho, una lanzada.

 

Posteriormente, se estableció su culto, pues, según la tradición, un ciego recuperó la vista, tras frotarse los ojos con la sangre del cadáver, lo que animó al campesinado  a trasladar su cuerpo a Nidaros, actual Trondheim, a fin de sepultarlo.  De esta suerte, se consideró su muerte como el martirio de un santo y, por ello, se labró un camino de peregrinaje (Pilegrimsleden) de 650 km, los que separan Oslo de la catedral de Nidaros, donde sigue estando la tumba de este santo.

 

Trayecto hasta Mambrillas 

 

Si partimos de Burgos, capital, es preciso salir por la Autovía del Norte ó A-1 (la antigua nacional de Madrid). Tras nueve kilómetros de recorrido habrá que abandonarla para coger, a la derecha, la Nacional 234 (Burgos-Sagunto), que no abandonaremos hasta llegar a Mambrillas de Lara, pasando previamente por Olmosalbos, Hontoria de la Cantera, Cuevas de San Clemente y el alto de Mazariegos (1.060 m), como a unos 32 kilómetros de la capital cidiana, desde donde se divisa, a la derecha, las cumbres más altas de la sierra de las Mamblas: la Muela (1.374 m.) y el Castillejo (1.347 m.). Ya sólo nos quedarán cinco kilómetros para llegar a Mambrillas de Lara.

 

Mambrillas de Lara

  

En las siguientes líneas vamos a bucear un poco en la historia de este pueblo, que alberga no sólo una extraordinaria dehesa caducifolia sino también un gran sabinar, que lo conecta con Campolara y lo aproxima a Quintanilla de las Viñas, y un notable yacimiento paleontológico, poco antes de entrar en el desfiladero formado por el arroyo de Camposetal, constituido por dos niveles rocosos con 123 icnitas o huellas fósiles de dinosaurios, el yacimiento de la Pedraja.

 

Mambrillas de Lara: Yacimiento de la Pedraja. Icnitas de dinosaurios: saurópodas, terópodas y ornitópodas.

 

Según el Inventario Arqueológico de la provincia de Burgos, se observan en el término municipal de Mambrillas algunos yacimientos tardorromanos, de carácter rural, como “El Cantarillón”, ubicado al oeste, a ambos lados del punto kilométrico 459 de la Nacional 234), “El Matapalomar” (a poco menos de kilómetro y medio, accediendo por una senda hacia al noroeste del pueblo) y “El Puente de San Juan” (al poco de salir del desfiladero de Camposetal, en dirección a Campolara).  La presencia de tales asentamientos (restos de cerámica y escaso material de construcción) quizá pueda entenderse por la proximidad de la antigua “Civitas Lara”, ahora, Lara de los Infantes.

 

Posteriormente, el retroceso y debacle cultural que siguió a la caída del imperio romano hizo que, durante largo tiempo, no hubiera documentos de valor sobre las vicisitudes de esta población, que estuvo vinculada jurídicamente al alfoz de Lara. Hubo que esperar hasta el año 1181 para tener alguna referencia documental, como la que corresponde a la donación de un tal Juan (cuyo padre se llamaba Juan Jiménez) al cercano monasterio de San Pedro de Arlanza, al que dona la mitad de su heredad, a cambio de ser enterrado en su recinto sagrado.

 

Cinco años más tarde, se vuelve a documentar una donación a este cenobio benedictino por parte de varios nobles, que se desprenden de varias propiedades radicadas en lo que, luego, se llamará Mambrillas.

 

A partir de 1255, por decisión del rey Alfonso X el Sabio, nuestra villa pasó a depender jurídicamente de la ciudad de Burgos. Dos siglos más tarde, en el año 1459, los pobladores de esta localidad participaron en el proceso que dio pie a la promulgación de las “Ordenanzas de la villa de Lara y su Tierra”.

 

Por fin, en el año 1587, aparece el nombre de “Mambligas”, en el curso de una documentación de censos, que se repite, años más tarde, en otra documentación de censos (1591-1594). Aunque esta vez, con el nombre de “Mamblillas”, constatando su vinculación con “La ciudad de Burgos y su provincia”, dentro de Lara.

 

Luego, a finales del siglo XVIII, en 1785, sabemos que Mambrillas es un lugar de realengo, perteneciente al partido de Can de Muño, merced a que el conde de Floridablanca solicitó una completa comunicación de la jurisdicción de Burgos al intendente de la provincia. Tres décadas antes (1752), el famoso Catastro de Ensenada ofreció una cumplida información sobre lo que se hallaba entonces en Mambrillas (casas, tenadas, pajares, corrales, molinos, habitantes…).

 

Sin embargo, Mambrillas no alcanzó la independencia jurídica hasta el año 1843, momento en el que se constituyó su ayuntamiento, al que también se adjuntaron las localidades de Cubillejo de Lara y Quintanilla de las Viñas, con un total de 240 habitantes.

 

Finalmente, otro dato histórico de relieve procede del famoso Diccionario Geográfico-estadístico de España y sus posesiones de ultramar, elaborado por Pascual Madoz y publicado entre 1845 y 1850. Por esta fuente, conocemos que en Mambrillas había cuarenta casas y escuela elemental, disponía de un molino harinero, vivían 22 vecinos que elevaban la población a 120 personas y su producción alcanzaba los 319.720 reales, que daba lugar a una base imponible de 31.972. Además, este autor ofreció una información muy jugosa con respecto a los bosques dependientes de esta población, como sigue: “Hay montes poblados de enebros, encinas y robles, cuyas maderas sirven para la construcción; y una dehesa llena también de diversos árboles, tales como hayas, robles, fresnos, avellanos, espinos olorosos, álamos y otros varios, la cual encierra, además, diferentes manantiales de buenas aguas, entre los que se distingue el llamado Fuentes las Llanas, que atraviesa toda la referida dehesa y riega una excelente huerta.”

 

Después de leer esta información de Pascual Madoz, me intriga el origen y el nombre actual del manantial que él denomina Fuente las Llanas, pues en el mapa Iberpix 4, del Instituto Geográfico Nacional, el único arroyo que parece atravesar toda la dehesa es el del Juncal, pues el otro que aparece, el de Camposetal, es más periférico, discurriendo paralelo a la misma (al oeste).

 

El que desee conocer más profundamente la historia de Mambrillas le aconsejo que lea el excelente trabajo de Félix Palomero y colegas, incardinado en su publicación sobre “El patrimonio Histórico-Artístico y Cultural en la Sierra de La Demanda”, accesible por vía digital. Su excelencia procede de la ardua labor de investigación llevada a cabo para elaborarlo, como puede observarse en la vasta bibliografía y fuentes documentales que utilizaron, plasmadas al final de su trabajo.

 

Caserío de Mambrillas de Lara, desde la cumbre del Asentado

 

Mambrillas de Lara en el siglo XXI

 

Si nos introducimos en la web del ayuntamiento, al que siguen perteneciendo Cubillejo de Lara y Quintanilla de las Viñas, veremos cómo nos indica que su superficie es de 34 kilómetros cuadrados, y que pertenece al Alfoz de Burgos (comarca) y al partido judicial de Salas de los Infantes. Sus escasos habitantes (54), de clara tradición agrícola, ven netamente aumentado su número en verano, animados por el buen tiempo y por la actividad de la Asociación Juvenil Mambrillas de Lara, en coordinación con la Asociación para el Desarrollo de Tierra de Lara.

 

También dispone de una casa rural, el Rincón del Alfoz,  y de una cofradía, la de San Fabián y San Sebastián.

 

Su elemento patrimonial más relevante es la iglesia de San Juan Bautista, de buena traza gótica, que alberga un notable retablo mayor, con pinturas hispano-flamencas de calidad. El pueblo alberga un buen conjunto de casas de piedra y hasta una fuente de probable origen romano.

 

Recordemos también los grandes valores patrimoniales de orden natural que hacen singular a esta localidad: su sobresaliente dehesa, su gran sabinar y el yacimiento de la Pedraja, con múltiples huellas de diversas especies de dinosaurios.

 

Atravesando la dehesa de Mambrillas

 

Pascual Madoz ya apuntaba, a mediados del siglo XIX, que la dehesa de Mambrillas tenía diversos tipos de árboles, mencionando a fresnos, avellanos, robles, hayas, álamos y otros varios. 

 

Actualmente, se aprecian dos tipos de robles, el melojo o rebollo, en las zonas bajas, más umbrías, y el gran dominador de la dehesa, el quejigo, representado por cientos de ejemplares de porte centenario (algunos de 500 y 600 años), que hacen que este quejigar sea único en el mundo. Además, sigue habiendo hayas, unas cuantas en torno a Fuente los Caños, y un par de docenas (pequeño hayedo) en otra superficie, junto a múltiples avellanos.

 

Entre los árboles no mencionados por Madoz, están los arces y, sobre todo, los raros mostajos.

 

En las siguientes líneas vamos a describir lo que aparece en los dos kilómetros de trayecto de esta dehesa  que forman parte del Camino de San Olav.

 

Nada más atravesar la carretera (la citada nacional 234), observaremos el romo relieve septentrional de las montañas de la Sierra de las Mamblas. Para ello, miraremos de frente, de izquierda a derecha, de sureste a suroeste, para apreciar, según las indicaciones del mapa IBERPIX 4,  las siguientes cumbres: cerro de San Cristobal (1244 metros de altura), muy próximo a Hortigüela; Cerro de la Cueva (1278 m.), donde está la cueva del Penuquillo; el Asentado (1232 m.), que por el norte limita con el monte precedente gran parte  del bosque caducifolio de la dehesa de Mambrillas; el Somo (1201 m.); Peña Alta (1217 m.); Covatero (1273 m.); la Muela (1374 m.) y el Castillejo (1347 m.), las dos cumbres más altas de esta sierra, como dijimos antes.

 

Ya en el camino de la dehesa, lo primero que encontramos a nuestra derecha  son dos construcciones de piedra y teja roja y,  un poco más adelante, una alargada nave que sirve tanto para almacenar heno como para encamar al rebaño de churras de Mambrillas.     

 

Primera señal del Camino de San Olav. Al fondo, de izquierda a derecha, El Cerro de la Cueva, El Asentado y el Somo.

 

Tras andar una centena de metros  deberemos abandonar este primer camino para desviarnos a la izquierda por otro, marcado por la primera señal del Camino de San Olav,  que seguiremos durante medio kilómetro, al final del cual apreciaremos, a nuestra izquierda,  una segunda señal de iguales características.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Segunda señal del Camino de San Olav. Al fondo el Cerro de la Cueva y el Asentado

Dehesa de Mambrillas de Lara: Segunda señal del camino de San Olav. Ahora, sin la compañía de la jara, segada por la mano del hombre. 14-03-2019

 

Adentrándonos en el quejigar

       

Cuando en marzo de este año, llegué a este punto del camino, me entristecí al observar que habían segado los brezales y las numerosas matas de estepa (cistus laurifolia) que cubrían la ladera montañesa de la izquierda y la planicie de la derecha, por lo que han dejado de ornar el camino.

 

Haciendo de tripas corazón, recorreremos los pocos más de cien metros que distan hasta la tercera señal del camino, la cual también han modificado, pues antes, nada más girar unos noventa grados, a la derecha, para seguir el trazado de la ruta, lucía en el extremo de un fino y redondeado poste, a nuestra derecha, en tanto que ahora la hallamos a la izquierda, en el centro de una ancha punta de flecha, clavada a un largo poste rectangular de madera de pino.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Tercera señal del Camino de San Olav (22-04-2017)

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Tercera señal del Camino de San Olav. 13-03-2019

 

Menos mal que, al poco de entrar y comenzar a ascender, nos siguen dando la bienvenida siete poderosos melojos (Quercus pyrenaica), a nuestra izquierda, y dos buenos ejemplares de fresno, a nuestra derecha, en tanto que en el suelo se despliegan, en marzo, bastantes narcisos, con sus gualdos colores, reemplazados, en abril, por multitud de gamones (Asphodelus albus). También sigue siendo común escuchar en primavera el tamborileo del pico picapinos (Dendrocopos major).

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: dos vigorosos fresnos, al poco de empezar a ascender. 13-03-2019

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Gamón florecido. (19-05-2017)

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Fresnos de buen porte (18-05-2017)

 

Tras recorrer una centena de metros nos llama la atención, a nuestra izquierda, la presencia en una hondonada de unos cuantos ejemplares de fresnos, especies amantes del sol y de los terrenos fértiles con buena dotación de agua. En torno a los mismos se aprecian melojos de considerables dimensiones, que nos muestran sus hojas de corto peciolo y de limbo lobulado con profundas escotaduras (pinnatífido), que se aproximan al nervio central.

 

A continuación, ascenderemos un tramo curvilíneo para, nada más rematar la pendiente, observar, a nuestra izquierda, un notable quejigo (Quercus faginea) que muestra en su ancho tronco un gran orificio que conduce a un espacio hueco, utilizado como cama por ginetas y otros mamíferos.

 

Dehesa de mambrillas de Lara: hojas de quejigo con su limbo dentado, de haz lustroso y envés más pálido.   16-05-2017

 

Las hojas del quejigo, a diferencia de las del melojo, son más coriáceas y su limbo no tiene estrechos y profundos lóbulos sino pequeños dientes que lo recorren homogéneamente, algunos un poco punzantes. De todas formas, es muy común que ambos se hibriden.

 

Además, tanto el quejigo como el melojo son marcescentes, esto es, sus caducas hojas se mantienen sin caerse durante gran parte del invierno, a pesar de estar secas, adoptando unos tonos marronáceos.

 

Quejigo centenario con gran orificio en el tronco . 18-05-2017

 

Cuando llevamos recorrido como medio kilómetro, veremos cómo unas pequeñas encinas, alguna sabina y unos cuantos arces intentan abrirse camino ante el dominio abrumador del quejigo. Nosotros llanearemos un breve tramo para, luego, descender otro corto trecho, que nos permitirá descubrir, en la parte más declive del terreno y a nuestra derecha, numerosas matas de tomillo salsero (Thymus zygis) seguidas de primaverales prímulas (Primula veris) que nos muestran sus flores intensamente amarillas, pendiendo de largos tallos. Justo, enfrente, al otro lado del camino y antes de volver a empinarse el camino, se aprecian dos arces silvestres (Acer campestre) y un fresno.

 

Cuando estamos culminando esta pendiente, observaremos en lontananza, a nuestra izquierda, una buena panorámica de Peña Lara, al noroeste, y del pico Mencilla, al noreste. Ya arriba, desde un pequeño llano divisaremos, al sur, las faldas septentrionales de las montañas que acogen esta dehesa: el Cerro de la Cueva y el pico Asentado.   

 

Tras ascender un corto trecho llegamos a un alto desde donde se divisa bien la frondosidad arbórea de esta dehesa, así como el breve tramo de cuesta que deberemos descender, aunque no antes de admirar un robusto quejigo con su tronco incurvado, al que suelo aferrarme para percibir su poderosa energía.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: centenario quejigo con su tronco incurvado, al que suelo abrazar para percibir y recibir algo de su vigor.10-02-2018

 

En pos del bosque humanizado de Enrique del Rivero

 

Tras un pequeño descenso, volveremos a ver, a nuestra derecha, una señal del Camino de San Olav, en tanto que, a nuestra izquierda, apreciaremos  un ramal descendente, que no seguiremos, pues ascenderemos por el sendero principal, o sea, el que corresponde al camino del santo escandinavo.

 

Dehesa de Mambrillas: Ascendemos hacia el bosque humanizado guiados por el emblema del Camino de San Olav  (20-07-2017)

 

De esta suerte, tendremos la oportunidad de gozar con la contemplación de quejigos de un porte excepcional, sobre todo a la izquierda del camino, bastantes de los cuales tienen efigies de  autóctonos de los pueblos cercanos, impresas en grandes láminas adheridas al tronco.

 

Se debe a un trabajo de Enrique del Rivero, reconocido naturalista, fotógrafo y periodista burgalés, con el que pretendió homenajear, en octubre del 2012, a un buen número de ancianos naturales del alfoz de Lara (cincuenta), enraizándolos  con estos centenarios quejigos, algunos de más de 500 años de antigüedad, que hunden sus raíces en esta fértil tierra.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara. Enraizados

 

Dehesa de Mambrillas de Lara:  Bosque humanizado, con alguna efigie medio desprendida de su tronco

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Quejigo con el rostro de una noble lereña. 10-02-2018

 

Aunque la idea inicial era mantener fijas las fotografías a los citados árboles durante sólo una temporada o un tiempo limitado (del 12 de octubre hasta el 4 de noviembre del 2012), siguen en su sitio, contra viento, lluvias  y heladas, más de un lustro después.

 

Barbaleña en la Dehesa Mambrillas de Lara. 22-04-2017

 

Además de recrearnos con la visión de estos longevos quejigos, disfrutaremos con la contemplación, a nuestra izquierda, en el tramo final de la cuesta, de un arbusto caducifolio, muy común en esta dehesa, la barbaleña (Viburnum lantana), que en abril nos muestra una exuberante floración, con sus cinco pétalos blancos soldados en un tubo, agrupadas en corimbos, donde destacan los cinco estambres filamentosos de anteras amarillas. Su fruto es una drupa que se tiñe de rojo al madurar.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: El fruto de la barbaleña empieza a coger un color rojizo, que, luego, se tornará negro. (20-07- 2017)

 

En julio, el fruto de la barbaleña empieza a adoptar un color rojizo característico.

 

Debo destacar que las feroces podas del estrato arbustivo que adorna este tramo ascendente (dos últimos años) han reducido los efectivos de barbaleñas.

 

El Camino de San Olav nos conduce a Fuente los Caños

 

Cuando llevamos recorrido en torno a un kilómetro por esta dehesa de Mambrillas de Lara, nos toparemos con una nueva bifurcación, en donde una mata de heléboro y una nueva señal con una cruz roja dentro de un símbolo del infinito nos señalan que debemos continuar por la derecha. Precisemos que, al menos desde marzo de este año, esta señal tiene una compañera, situada a la izquierda, para entre las dos indicarnos nítidamente el trayecto a seguir.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Emblema del Camino de San Olav dirigiéndonos hacia Fuente los Caños

 

De esta suerte, tras andar entre avellanos una cincuentena de metros, veremos un pequeño ramal, a nuestra derecha, que en diez pasos nos conduce a Fuente los Caños. Observaremos como el agua brota de la tierra, entre pequeñas rocas, fluyendo con parsimonia ladera abajo.

 

Fuente los Caños: Dehesa de Mambrillas.

 

Entorno de Fuente los Caños: Vertido de plásticos y agresión arbórea

 

Aunque, cuando hace menos de un mes, volví a visitar este paraje, se me encogió el ánimo al observar la huella de una conducta humana reprobable, el vertido de diverso material plástico en derredor: una maceta, cuatro botellas y un gran bidón azul, con varios orificios, unido por una cadena a un  avellano.  Muy próxima, emergía una lata de gasolina.

 

Mi desazón aumentó al ver cómo habían incrustado varios peldaños metálicos en el tronco de un centenario quejigo, a fin de ascender a su palma, en la que habían clavado varias tablas sobre el nacimiento de sus ramas, para construir cuatro asientos, desde donde observar, probablemente,  a los cuitados jabalíes a los que se espera y vigila, después de cebarlos con el grano (maíz o trigo) que aflore por los orificios del bidón azul.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Peldaños metálicos en el tronco de un quejigo en el entorno de fuente los Caños. 13-03-2019

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Quejigo maltratado para construir un observatorio con cuatro asientos, en el entorno de fuente los Caños. 13-03-2019

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Quejigo maltratado para construir un observatorio con cuatro asientos, en el entorno de fuente los Caños. 

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Bidón de plástico sujeto por una cadena a unos jóvenes arces. 13-03-2019

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: agresión medioambiental en el entorno de fuente los Caños. 13-03-2019

 

A pesar del disgusto por presenciar esta agresión medioambiental, al llegar a este venero me sigo acordando de una querida paciente, Rosario, natural de Mambrillas, la primera que me dijo cómo se llama este venero: “En la parte alta de la dehesa de mi pueblo hay un manantial, Fuente los Caños, de agua rica y pura. Un poco más arriba, enfrente de él, cogíamos hayucos y avellanas; en otras partes cogíamos serbas”.  

 

Unos metros más arriba de esta fontana pueden verse dos grandes hayas (Fagus sylvatica), que se yerguen entre los quejigos, rodeadas de varas de avellano.  Un poco más a la derecha, ladera arriba, surge otra.

 

Hayas en la dehesa de Mambrillas de Lara (18-05-2017)

 

Aún persiste el termitero que vi, por primera vez, hace dos años, en abril del 2017, a los pies de un gran tronco de quejigo, muy próximo a las citadas hayas, a la derecha del camino, que parece competir con las múltiples barbaleñas, que florecen durante este mes, para aumentar  la singularidad del paraje.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Termitero junto al tronco de un quejigo . Al fondo, las hayas.(22-04-2017)

 

Todavía sigo disfrutando con la compañía de Rosario, cuando la veo en la consulta, que, aunque nonagenaria, sigue conservando una notable lucidez. Suscitar el tema de su pueblo y de su dehesa es motivo de placer para ambos. ¡Cuántas anécdotas y vivencias atesora!

 

“Cuando era niña, solíamos atravesar toda la dehesa, pasando junto a Fuente los Caños, para llegar a un alto de la sierra, desde donde descendíamos por veredas y senderos hasta la plaza de Covarrubias, con la idea de intercambiar nuestros productos, los días de mercado”, aún me refiere esta entrañable mujer, jamollera de pro, aunque lleva décadas sin pisar su terruño.

 

Es curioso, otra querida paciente, Petra, que conservó una extraordinaria lucidez mental hasta los cien años, veía en su infancia cómo llegaban los jamolleros a Covarrubias, pues desembocaban justo enfrente de su casa, según me refirió uno de sus hijos, Pedro.

 

Ascenso hasta el alto entre el Somo y el Asentado, siguiendo el Camino de San Olav

 

Después de visitar las hayas, sólo nos queda una kilómetro para remontar esta singular dehesa. Para ello hay que subir por un camino de piso mullido en su mitad inicial y netamente pedregoso en su parte final, cuya pendiente va lentamente aumentando, también durante su primera parte, aliviada con leves descensos, para acentuarse relevantemente a medida que avanzamos, sobre todo, en el tercio final del mismo.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Centenarios quejigos, próximos a la ladera del Asentado (1232 m.)  19-05-2017

 

Mientras tanto, seguiremos disfrutando, durante los dos tercios iniciales, con la contemplación de centenarios quejigos, sobre todo a nuestra izquierda, junto a la ladera del Asentado, en tanto que, a nuestra derecha, observaremos de tramo en tramo la majestuosidad de esta Tierra de Lara.

 

A mediados de marzo de este año tuve la oportunidad de ver el emblema de San Olav incrustado en el tronco cortado de un quejigo, a la izquierda del camino.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: emblema de San Olav incrustado en un tronco de quejigo. 13-03-2019

 

Al poco de sobrepasar los primeros quinientos metros de este ascenso, apreciaremos un camino, a nuestra derecha, que va a desembocar al nuestro, donde, justo a ese nivel, puede verse una nueva señal del Camino de San Olav, a fin de indicarnos que debemos seguir por el que llevamos un rato hollando y no desviarnos por el de nuestra diestra, dado que éste nos descendería hasta Mambrillas. En todo caso, podríamos pararnos unos momentos para gozar con la visión de Peñalara y el Picón de Lara, que se torna más nítida una centena de metros más arriba.

 

Después de gozar con la panorámica referida, veremos, durante el resto del ascenso, cómo las sabinas se convierten en las dueñas del bosque, con su perenne manto verde, que deja ver, en su tramo final, el estrato sedimentario calizo, poco antes de encumbrar este pequeño paso de montaña, entre el Pico Asentado, a nuestra derecha, y el Somo, a nuestra izquierda.

 

Panorámica desde el alto entre el Asentado y el Somo: Peñalara, el Picón de Lara, las Cumbres de la Demanda en lontananza... 

 

Visión de Mambrillas de Lara nada más remontar la dehesa homónima, con su gran sabinar a sus espaldas, al norte.

 

Desde el paso de montaña entre el Somo y el Asentado hasta el Valle de los Lobos

 

Cuando accedemos al paso montañoso entre los montes citados, el Somo y el Asentado, tras remontar los dos kilómetros de la dehesa de Mambrillas, compartidos por el Camino de San Olav, es aconsejable parar unos minutos para contemplar, al norte, una notable panorámica de la Tierra de Lara, donde destacan, de izquierda a derecha (de NO a NE): Peñalara, en cuya cumbre hay restos de un castro celtibérico; Quintanilla de las Viñas, con su ermita visigótica a la sombra de Peñalara; el Picón de Lara, restos del castillo donde nació Fernán González; Lara de los Infantes, enclavada sobre una antigua villa romana; Mambrillas de Lara, la más cercana a nosotros; las cumbres de la sierra de la Demanda, en lontananza.

 

Luego, ya estaremos en disposición de pasar a la otra vertiente, la orientada al sur, para ir en pos de nuestro objetivo, guiados por una nueva marca del Camino de San Olav.

 

Nada más iniciar el descenso, dos jóvenes sabinas parecen saludarnos, una a cada lado del camino,  al tiempo que nos indican que, a partir de ahora, veremos muchas de sus hermanas, algunas de gran porte, junto a encinas y algún enebro de la miera.

 

Esta comunidad arbórea es la propia de un clima tan xerófilo como el predominante en  la sierra de las Mamblas, especialmente en sus laderas meridionales. Obviamente, durante este tramo no encontraremos la frondosidad caducifolia del sector de la ladera septentrional en la que se despliega la dehesa de Mambrillas de Lara. En consecuencia, no encontraremos mostajos, arces, quejigos ni, mucho menos, hayas.

 

Camino de San Olav: Descendiendo entre sabinas por las Mamblas

 

Lo que sí se observa es un estrato arbustivo propio del encinar y el sabinar, como diversos tipos de tomillo, espliego, aulagas, así como muchas matas de candilera (Phlomis lychinitis).

   

Camino de San Olav: A los 420 metros de descenso aparece una nueva señal del Camino de San Olav.

 

Cuando hemos descendido poco menos de medio kilómetro (420 metros), veremos a la derecha del sendero, otra señal con el emblema del Camino de San Olav, rodeada de gamones y de aulagas, florecidas a mediados de mayo, justo un poco antes de que el camino describa una curva a la derecha, levemente ascendente. Tras remontarla veremos, también a nuestra derecha, una pequeña excavación del terreno calizo, que parece el hoyo dejado por algún antiguo calero.

 

 

Camino de San Olav a su paso por las Mamblas: sabina bífida.

 

Camino de San Olav atravesando la Sierra de las Mamblas: Sabina que parece trifurcarse

 

Luego, volveremos a descender, contemplando a ambos lados del sendero, matas de mejorana, espliego y aulagas, que en primavera nos aromatizan el paseo, para, enseguida, observar unas curiosas sabinas: una con forma bífida, pues de su grueso y corto tronco salen dos poderosas ramas divergentes; a la izquierda del camino; otra, a la derecha, que parece trifurcarse, dado que de su corto tronco común salen dos enhiestas ramas, de las que la situada a la izquierda, inmediatamente se divide en otras dos.

 

En algún tramo de este sector también es posible que veamos, en mayo, algunas orquídeas florecidas, al menos, de la especie Ophrys lutea.

 

Camino de San Olav: orquídeas (Ophrys lutea)

 

Durante  el primer kilómetro de descenso, han sido muchas las sabinas que nos han mostrado su tronco erguido y desnudo de ramas, merced a la poda ancestral de los autóctonos de los pueblos del entorno, con objeto de emplearlo para vigas en la construcción de sus casas, dada la reconocida resistencia a la humedad de su madera, resinosa y aromática como pocas. Bien lo saben los habitantes de Covarrubias, Retuerta y Puentedura, entre otros pueblos bañados por el río Arlanza, o los de Ura y Castroceniza, fertilizados por el Mataviejas, afluente del primero. Nosotros sólo tenemos que contemplar sus viejas y típicas construcciones para ver el entramado de madera de sabina, con su tronco retorcido y lleno de nudos.

 

Esta práctica humana ha imposibilitado que muchas sabinas adquieran su característica forma piramidal.  

 

Camino de San Olav atravesando las Mamblas: La tradicional poda de las sabinas hace que no se vea su auténtica forma, la piramidal.

 

Camino de San Olav: Indicaciones al kilómetro y medio de remontar la dehesa de Mambrillas en pos del Valle de los Lobos de Covarrubias.

 

Cuando estamos a punto de cumplir el primer kilómetro y medio de ruta desde el paso montañoso antes referido, veremos cómo nuestro sendero desemboca verticalmente en otro camino, por el que deberemos proseguir, como nos lo indican dos señales. Una, a nuestra derecha, un poste de madera en el que se fijan, en su parte superior, cuatro tablas horizontales, indicándonos, la que nos mira, que venimos de Mambrillas, en tanto que las otras tres, en la dirección del camino horizontal al que ahora accedemos, nos señalan Covarrubias y las Mamblas, las dos que miran hacia nuestra derecha, al oeste, mientras que la tercera mira en sentido contrario, hacia Hortigüela.

 

La otra señal, a nuestra izquierda y al otro lado del ancho camino que estrenamos, casi enfrente de esta cuádruple indicación, corresponde al emblema del Camino de San Olav.

 

Acabamos de entrar en el ancestral camino que, atravesando la sierra de las Mamblas, comunicaba Hortigüela con Covarrubias, utilizado antaño por la Real Cabaña de Carreteros, impulsada por los Reyes Católicos, que proveía de madera de los bosques serranos a múltiples ciudades castellanas, a fin de construir edificios civiles y religiosos. Según el Catastro de ensenada llegó a contar con 15.000 bueyes y 5000 carros.

 

Camino de San Olav: Emblema situado al kilómetro y medio de descenso desde el paso entre el Somo y el Asentado.

 

Una vez entrado en este legendario camino, seguiremos disfrutando con la contemplación de longevas sabinas, algunas de gran porte, como las que se arremolinan, a la izquierda del camino, justo cuando llevamos poco más de medio kilómetro por este nuevo ramal y, por ende, como dos kilómetros desde que remontamos la dehesa de Mambrillas . 

 

A continuación, el camino gira a la derecha para, inmediatamente, empinarse ligeramente durante un corto trecho, en el que podremos observar algún enebro de la miera, diversas matas de candilera, alguna de abrótano hembra, que acompañan a las omnipresentes sabinas. Al poco de remontar esta cuesta, observaremos, a nuestra derecha y al noroeste, la mole redondeada de la Muela (1374 metros de altitud), la cumbre más alta de la Sierra de las Mamblas.

 

Vista de la Muela, mientras descendemos por el Camino de San Olav en pos de la ermita homónima

 

 

Desde este improvisado mirador de la Muela hasta la siguiente señal del camino de San Olav hay unos trescientos metros, durante los que, prácticamente, no hemos dejado de ver la silueta de la Muela, a nuestra derecha.

 

Unos metros antes de llegar al nivel de la señal de este santo de origen vikingo, recibiremos, por nuestra derecha, el camino que conduce a la Muela y a Quintanilla de las Viñas, como bien nos indica el correspondiente poste indicador de las rutas a seguir. Nosotros seguiremos hacia Covarrubias , sentido en  el que aparece, unos metros más adelante, el citado emblema de San Olav.

 

Camino de San Olav a su paso por la Sierra de las Mamblas: Emblema del camino, poco después de señales orientadoras de las diversas rutas del entorno. El camino de la derecha conduce a la Muela y a Quintanilla de las Viñas.

 

Camino de San Olav: Emblema del mismo a unos 2300 metros de remontar la dehesa de Mambrillas de Lara.

 

Después de fotografiar el citado emblema del camino, proseguiremos durante un corto trecho para volver a encontrar otro poste, donde en cuyo vértice biselado, en mayo del 2017,  para mi sorpresa, no aparecía el emblema metálico con la cruz de gules englobada en símbolos del infinito. Entonces, temía que algún coleccionista de lo ajeno se hubiera apropiado de una imagen que, a medida que la veía parecía más entrañable. Por fortuna, en octubre del 2017, cuando volví a efectuarla, pude comprobar que la placa con el emblema de San Olav volvía a lucir en el ápice del poste.  Por un momento pensé que el ladrón, roído por la culpa, se arrepintió y reparó el daño, volviendo a colocar el metal blasonado en su original lugar, que todavía persiste.

 

Camino de San Olav, atravesando las Mamblas, en pos de la ermita de San Olav: En torno a los 2,5 km. del paso montañoso entre el Somo y el Asentado aparecía, en mayo del 2017, el poste sin su emblema metálico. 21-05-2017

 

A continuación de este sufrido emblema, el camino describe una curva descendente a la izquierda, por la que discurriremos, entre enebros de la miera y sabinas, hasta que, más tarde, se incurva a la derecha, momento en el que podremos observar en lontananza, a nuestra izquierda (al sur),  una imponente imagen de las montañas de la Sierra de Cervera, con el pico Valdosa (1.414 metros) y a continuación el repetidor de Tejada, en la cima del pico de la Sierra (1329 metros, según IBERPIX 4).  Además, durante este tramo tendremos la oportunidad de ver sabinas con su característica forma piramidal, con ramas desde la base, señal de no haber sido manipuladas por el hombre.

 

Desde el Camino de San Olav a su paso por las Mamblas podremos observar, al sur y en lontananza, el Pico Valdosa, a la izquierda; y el Pico de la Sierra, con el repetidor de Tejada, a la derecha.

 

Tenadas del Cerro: Camino de San Olav a su paso por la Sierra de las Mamblas

 

Después de contemplar las citadas cumbres, es el momento de conocer las tenadas del Cerro. Son tres las que quedan, dos en aceptable buen estado de conservación y una tercera en ruina absoluta.

 

Según nos acercamos, empezamos a vislumbrar al fondo del camino, un tejado rojo, que parece rozar su margen derecho. Aunque si avanzamos un poco más, veremos una doble cerca de piedra, a nuestra derecha, detrás de la cual se aprecia la primera tenada de ovejas, con su cubierta de cuatro vertientes o aguas, constituida por tejas árabes.

 

Tenada del Cerro, junto al Camino de San Olav, con la Muela al fondo.

 

Tenadas del Cerro (Covarrubias): esta primera tiene la cubierta con 4 vertientes o aguas, por detrás de los paramentos de otra tenada, sin techumbre ni cubiertas. Al fondo la Muela, testigo mudo de este desamparo patrimonial (21-03-2019)

 

Entramado y cubiertas

 

Si progresamos unos metros más, podremos verla más nítidamente, por delante de la imponente Muela, con su puerta entreabierta, que parece invitarnos a aproximarnos hasta su umbral para descubrir su interior. En tal caso, apreciaremos su techumbre constituida por un entramado de vigas de sabina (con alguna de pino), sustentado por nueve pilares de la misma procedencia arbórea, dispuestos en columnas de a tres, que se apoyan en el suelo mediante una especie de basas de  irregular piedra caliza.

 

Si nos fijamos bien, veremos algunas vigas horizontales apoyadas sobre las cabezas de los pilares, sobre las que, a su vez, se apoyan unas vigas longitudinales para constituir una especie de pórticos. También pueden verse los cabrios, esto es, unas vigas que discurren paralelas desde la coronación de los muros de piedra o paramentos laterales hasta las vigas longitudinales, a fin de servir de guía a los faldones, o sea, al entablado de madera formado por ramas de sabina cortadas longitudinalmente, que rellenan los espacios entre los citados cabrios, aunque en esta primera tenada se ven más tablas de pino que de sabina.

 

Sobre este entablado colocaban una cama de paja y hojas de sabina, sobre la que se apoyaba el lomo o curva de las tejas canales, cuyas juntas se tapaban con las tejas cobijas, que mostraban su convexidad al exterior, para facilitar la impermeabilidad de la cubierta.

 

Estamos describiendo el singular entramado que sostiene la cubierta de estas reliquias pastoriles, las tenadas, que debemos conservar, pues si las perdiéramos desaparecería un valiosísimo patrimonio rural.

 

Si, luego, salimos y alzamos la vista a su tejado, observaremos algunas áreas de uralita que parecen hacer competencia a las tejas. También podremos ver el cerco rectangular de piedra caliza ubicado inmediatamente por delante de esta tenada, más próximo al camino, que nos sugiere que, antaño, correspondió a los paramentos de otra tenada.

 

Tenadas del Cerro: Nueve pilares de sabina dispuestas en columnas de a tres, la del centro más alta, la cumbrera, apoyadas sobre basas de piedra y que, a su vez, sostienen el techo, constituido por un entramado de vigas horizontales, longitudinales y cabrios de sabina que alternan con algunas de pino. 25-05-2017

 

Camino de San Olav a su paso por las tenadas del Cerro: la techumbre de tejas parece apoyarse sobre placas de uralita. Los paramentos de mampuesto de caliza, con los ángulos trazados con piedras de mayores dimensiones.

 

A continuación de esta tenada tenemos una segunda, casi pegada al camino, con una cubierta de tres aguas, también con su puerta abierta. Si viéramos su interior comprobaríamos que se estructura para soportar una cubierta a tres aguas: una, la más pequeña, situada al sur, extendiéndose por el amplio alero que cubre a la puerta de acceso, a modo de rústico porche; las otras dos, dispuestas por detrás, a derecha e izquierda, al este y al oeste.

 

Si prestamos atención, veremos cómo el entablamiento, que ocupa el espacio libre entre los cabrios, está casi exclusivamente constituido por madera de sabina, al igual que los pilares, dispuestos en cuatro columnas, que de derecha a izquierda, están constituidas por tres, dos (falta el más anterior), tres y cuatro, siendo estos dos últimos los más bajos.

 

También puede observarse una puerta posterior, enfrente de la principal, por la que se vislumbran los restos de una tercera tenada, con su techumbre desmoronada, de forma que las tejas de su cubierta, desperdigadas por el suelo, parecen competir con su esqueleto de madera.

 

Tenadas del Cerro (Covarrubias) en pleno camino de San Olav: Puerta de la primera tenada, con sus dobles largueros, su cabecero, doble hoja, y sobre el alero apoyado sobre los cabrios, las tejas de canal y de cobija. 21-03-2019

 

Camino de San Olav en su travesía por la Sierra de las Mamblas: Tenada junto al camino

 

Camino de San Olav: La segunda tenada también tiene la puerta abierta, dejando ver los largueros, los travesaños, con el cabecero, la hoja girando sobre el quicio de piedra. Al fondo, a través de una puerta posterior,  puede verse el techo derrumbado de una tercera tenada.

 

Camino de San Olav a su paso por las Mamblas: interior de tenada de ovejas, construida con vigas de sabinas

 

Camino de San Olav: Interior de la tenada situada junto al camino

 

Camino de San Olav: La segunda tenada del Cerro, la situada junto al camino, tiene una disposición interna que soporta una cubierta a tres aguas, siendo la sabina  la madera dominante.

 

Muros 

 

Después de describir el entramado interior que sostiene la cubierta de tejas árabes, bueno es que dediquemos unas líneas a los muros y puerta.

 

Los muros de las tenadas están constituidos por mampuestos, esto es, piedras calizas, irregulares, no desbastadas, que van encajando con cierto orden, sin emplear materiales de unión, aunque sí piedras más pequeñas, los ripios, para rellenar los huecos que puedan quedar entre los mampuestos, al tiempo que corrigen algunas imperfecciones de estas bastas piedras.

 

En los ángulos se emplean mampuestos de mayores dimensiones, colocados horizontal y alternativamente, uno sobre otro, con objeto de constituir un aparejo que una con cierta eficacia los lienzos de los paramentos.

 

Es preciso decir que en la coronación del muro se coloca una viga longitudinal, denominada durmiente (viga sobre pared), sobre la que se apoyan los cabrios, antes mencionados.

 

Puertas  

 

En la puerta de la primera tenada pueden verse las dos piezas verticales del cerco exterior, los largueros, uno a cada lado, y dos piezas horizontales, los travesaños, bien visible el superior o cabecero, que sobresale de los largueros para constituir los cogotes, que se introducen en el muro para afianzar su vínculo con el paramento. También pueden apreciarse cómo sobresalen los cabrios de la techumbre, para, apoyándose sobre el cabecero, formar un alero más amplio sobre la puerta.

 

Si las vigas de este cerco exterior son de sabina, muy carcomido el larguero izquierdo, la doble hoja de esta puerta es de tablas de pino.

 

En la puerta de la segunda tenada, la más próxima al camino, se aprecia el cerco exterior de iguales características al de la primera, pero, en cambio, la hoja no es doble sino única.

 

A mi entender, el alero que cubre a la puerta es el mejor lugar para distinguir bien las tejas de canal y de cobija, acopladas unas sobre otras.

 

Camino de San Olav a su paso por las tenadas del Cerro: Tenada derruida, con su entramado de madera derrumbado y las tejas desperdigadas por el suelo. 25-05-2017

 

Es una pena que nadie custodie este gran vestigio antropológico, que sirvió de cobijo a los numerosos rebaños de ovejas que pastaban por estas tierras rachelas, guiados por pastores y zagales. Refugios que también servían, en ocasiones, para esquilar, atender a las ovejas durante la paridera y para el ahijado de los corderos. Ahora, sólo tienen por vigilante a la oronda Muela.

 

Por favor, evitemos la desaparición de estas tenadas, ubicadas en pleno Camino de San Olav y a poco más de dos kilómetros de Covarrubias, pues forman parte de nuestro patrimonio más primigenio.  

 

El que tenga interés por conocer más sobre estas construcciones pastoriles le aconsejo que lea un extraordinario libro: “Análisis e interpretación arquitectónica de las Tenadas de Valcárcel en Contreras, Burgos”, elaborado por Joaquín García Andrés y Francisco Martínez Sáiz, de la Fundación Oxígeno, auxiliados por un buen conjunto de profesionales. Su lectura me ha resultado muy valiosa, imprescindible para interpretar estas tenadas, lo que agradezco profundamente.

 

En fin, al llegar a este punto, ya hemos andado casi tres kilómetros (2.880 metros) desde que remontamos la dehesa de Mambrillas de Lara por el paso montañoso entre el Somo y el Asentado, a los que habrá que sumar los dos kilómetros empleados para atravesarla desde su inicio, que no está muy alejado del pueblo (700 metros).

 

El tramo final, el existente entre las tenadas del Cerro y la ermita de San Olav, lo describiremos en el artículo siguiente. Tras atravesar un profuso y prolongado encinar, con barrancos incluidos,  veremos, por fin, nuestra ermita. Entonces, nos recrearemos con su diseño original y con su fuerte simbolismo.

 

                                                 Dr. Félix Martín Santos

Comentarios

Estela Mondáriz Gómez 30/04/2019 14:05 #7
Después de leer este interesante y bien elaborado artículo, ganas tengo de leer la continuación, pues recorrer esta zona me resulta muy agradable. Las tenadas del Cerro de Covarrubias deberían rehabilitarse, como bien dices, más estando al lado del camino de San Olav. Deberían darles alguna utilidad para que no se desmoronen totalmente. Las numerosas fotos que aportas son muy útiles para hacernos una idea de la belleza de estos parajes. Muy bien por denunciar la agresión en la dehesa de Mambrillas, con plásticos y deteriorando árboles para cazar, posiblemente, de forma furtiva. Espero disfrutar igualmente cuando describas la ermita de San Olav, muy recomendable su visita. Muchas gracias.
Maria Jesús Hernández 25/04/2019 23:04 #6
Félix qué interesantes la historia, la variedad paisajística y la riqueza de tradiciones que entraña nuestra tierra burgalesa. Cómo he disfrutado del viaje visual que nos has ofrecido en tu exposición. Qué belleza encierran sus bosques de quejidos, de sabinas, y de fresnos; sus sierras; sus flores como el gamón o varilla de San José y la barbaleña, o sus tenadas. Me sigue resultando curioso o asombroso el cumplimiento de la promesa del infante D. Felipe de construir una ermita en San Olav. Interesante la evolución histórica de Mambrillas que has expuesto en tu relato. Muchas gracias por tu buen hacer y por transmitirnos magistralmente tus conocimientos.
Inmaculada Hernández Rodríguez 23/04/2019 00:30 #5
Félix como siempre un impresionante trabajo muy bien documentado y espléndidamente explicado, con todo tipo de detalle y minuciosamente analizado. Con qué exactitud y meticulosidad nos has explicado la construcción de las tenadas y nos has presentado sus edificaciones mediante fotografías. Qué bonitas las del gamón florecido, la de la barbaleña y su fruto, las de las hayas o quejigos. Nos has guiado a través de sus dehesas de quejidos centenarios únicos en el mundo, de sus sabinares, nos has mostrados sus cumbres, su bosque humanizado , sus yacimientos como el de Pedraja con sus huellas fósiles de dinosaurios o su Fuente de los Caños donde denuncias, con sensibilidad y sentido común, los vertidos de plásticos y los peldaños construidos en el tronco del quejido, al mismo tiempo que ensalzas y valoras la labor de las Asociaciones. Mil gracias por tu aportación al conocimiento y porque siempre aprendemos y nos recreamos con tus escritos.
Pedro Artola 12/04/2019 10:17 #4
Pues si, como bien dices, se puede ser feliz con poco, simplemente leyendo este artículo y viendo las 58 fotos que incluyes. Aunque para que podamos leerlo y disfrutarlo, alguien ha tenido que dedicar muchas horas a confeccionarlo, revisarlo y pulirlo, manteniendo esa curiosidad que muestran los niños y los grandes descubridores. Darte las Gracias también por este trabajo. Conozco una parte de la zona que describes, pero leo multitud de detalles que desconocía. (Todo tiene un porqué y una explicación). Desear también que no se produzcan hechos como el que nos muestras en la foto 23 y siguientes, "sacrificamos naturaleza por egoísmo o comodidad" aún sabiendo, que " La tierra no es una herencia de nuestros padres sino un prestamo de nuestros hijos." Saludos.
Pedro 04/04/2019 19:01 #3
Muchas gracias, Félix, por la descripción de esta parte del Camino de San Olav. Y, de forma particular, por recordar a mi madre, que tan bien cuidaste para que pudiera sobrepasar los cien años de edad. No hace falta decir que, como todos los caminos, el de San Olav no sólo es algo físico y natural, sino sobre todo un testimonio de la vida de todos los que lo hicieron a lo largo del tiempo. Y lo siguen haciendo porque, por ejemplo, la A. D. Tierra de Lara tiene programada para el 18 de mayo una nueva marcha por él, desde Quintanalara hasta la ermita de San Olav, en esta ocasión, para en cada parada recitar romances otrora tan conocidos por la gente de nuestros pueblos. Es el primero de los actos que varias asociaciones culturales burgalesas han organizado para celebrar el Bienio Pidalino, es decir, para recordar entre nosotros la figura de don Ramón Menéndez Pidal, figura imprescindible de las letras españolas, muy vinculado a Burgos por sus vivencias personales y por sus estudios sobre los cantares de gesta y romances castellanos. En las webs de asociaciones que tú conoces tan bien, como las de Tierra de Lara o Amigos de Villamorón, hay algún artículo al respecto. Sí, también por estos caminos discurría una vida que hoy nos es difícil imaginar, por lo que artículos como el tuyo nos vienen muy bien para hacernos una idea de cómo era. De nuevo, mil gracias, Félix.
Marta Abad Redondo 04/04/2019 11:33 #2
Esta ruta debo hacerla cuanto antes. Me ha parecido muy agradable leer todo lo que has escrito sobre ella. Lo de Mambrillas, su gran dehesa, incluso la denuncia de esa agresión medioambiental, con plásticos y daño en los árboles, plasmado muy bien en las fotos, donde se puede ver cómo han atornillado al quejigo los peldaños metálicos que refieres. Muy lamentable. La reivindicación de las Tenadas del Cerro, de Covarrubias, de su antigua y esmerada arquitectura rural, me parece otro gran logro de este artículo. No debemos perder patrimonio, por mucho que tengamos, pues nos distingue e identifica como pobladores de una tierra única, Castilla y León, que debe conocerse, evitar su despoblación y enriquecer con un turismo culto, de calidad, deseoso de conocer estas maravillas. Reliquias pastoriles de antiguos oficios, que como están en pleno Camino de San Olav y muy cerca de Covarrubias, podría dárseles una nueva función, tras rehabilitarlas bien. A ver si la Junta de Castilla y León o quien quiera ayudar, Asociación Tierra de Lara, ayuntamiento de Covarrubias contribuyen a restaurar las tenadas del Cerro, junto a la Muela, como intentas transmitir en este contenido, cargado de pasión y conocimiento. Muchas gracias.
Jesús Mª Martínez Sáiz 04/04/2019 11:03 #1
Para todos los que amamos la naturaleza y la historia, este es una artículo para quitarse el sombreo . Enhorabuena por tu trabajo que esta muy bien elaborado tanto en documentación histórica como ecológica. He realizado esta ruta un par de veces y leyendo tu artículo, me doy cuenta que hay detalles que no he llegado a observar y gracias a ti, cuando vuelva los veré. Muchas por tu admirable trabajo.

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