NATURALEZA MUERTA I. UNGÜENTOS de NUBES.
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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

NATURALEZA MUERTA I. UNGÜENTOS de NUBES.

E detail

LAS ALMAS SE HAN CONVERTIDO EN OBJETOS.

Al peinar a Venus en el tocador perfumado, Liuba Cid descubre un secreto de la naturaleza; mientras hablamos, abandono las epístolas de jardines por los telegramas de bodegones, quiero adentrarme en el Romanticismo de los objetos poetizados.

¡Nubes encendidas de Eros!

¡Abrazo las nubes, en sana articulación anímica desde el abismo del ungüento de ambrosía y peonía!

Al peinar las nubes, entre ese mar y este arroyo, Friedrich y Coleridge convergen en la EDAD de ORO de Buñuel con Dalí; suena Wagner, Liuba dice haberse enamorado de Tristán e Isolda.

¡Avizorar bajo la nube en pleamar!

Ante el espejo, los objetos de Isolda surgen en forma de un bodegón ordenado por peines y cepillos que sustentan el ideal de Belleza femenino. ¡Besa a Venus, Liuba!

La écfrasis, como la alegoría, se centra en los objetos emancipados y en un panteísmo con función conciliadora, de intermediario; el detallismo de la meticulosidad se tradujo en la visión retórica del arte, la realidad se sustituye por la idealización de raíz neoplatónica para alinear la armonía con la licencia poética de la transgresión que, enfatizada en la imagen del espejo, se revela en el tocador convertido en altar sagrado de la ventana del umbral.

¡Umbral de nubes en el espejo de una Venus thanática!

El alféizar ultramundano, en su interior y en su exterior, acoge los objetos poetizados desde la llave de la libertad.

Penélope y Ariadna conducen la trayectoria de Eros/Thánatos, el espejo atrae la mirada de Venus, el secreto natural se transforma en espejo del retrato de lo invisible.

¡Naturaleza muerte sobre la Ausencia!

Liuba tiene un peinado bañado con las aguas marinas de Lope de Vega, al resurgir del phatos, actualiza su experimental bodegón.

¡Espejo transparente para un ser Prudente!

La ventana Albertiana crea una iconografía vitruviana para sublimar las nubes de Buontalenti, refugio de los objetos femeninos.

¡Jeroglífico de los objetos de belleza idealizados en el reino de Venus!

Se destierra el mito de Narciso, se desplaza la autodestrucción, para elaborar la invención de una nueva fábula de olores en recipientes de cristal.

Naturaleza muerta, siempre viva.

Las flores comunican cielo y tierra, traspasan las almas enamoradas, arropan las piedras sagradas, transportan al círculo de Saturno.

¡Flores curativas del Centauro Quirón! ¡Ungüentos para sanar las heridas de las flechas hercúleas!

Estamos en el aposento de Penélope. Al tejer su espera, se permite peinarse con oro apolíneo para viajar a las islas de nubes. El cepillo femenino comunica con el ultramundo, para redimir el amor desde la devoción del armado Eros.

Espejo del Alma que, bajo una trémula luz, acoge la brisa dionisíaca de la atracción sexual del éxtasis dual.

Espacio ilimitado de acción y de encantamiento.

Los cepillos del Olvido convierten la cabellera dorada en atributo de Venus. Bajo la mirada de los amantes, la belleza femenina se explora bajo la intimidad del aposento-altar.

Las flores, esenciales en una Naturaleza Muerta, se adentran en un jarrón para mirar a Ofelia ahogada en el mar de Nubes de Friedrich; ahogada entre flores y nubes, descubre los pétalos blanqueados con leche por Hera, aflora el anhelo de un mar de pétalos.

Ante las margaritas, Liuba vive entre los bodegones de amor, cada objeto aporta un valor, una significación articulada desde la emblemática de Alciato a Ripa.

¿Cómo dialogamos con los objetos?

¡Dialoga con las flores!

 

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